domingo, 17 de noviembre de 2013

LA NEUROFISIOLOGA

    Eva, la neurofisióloga a quien me había dirigido Javier, el psiquiatra militar, trataba de enmascarar su apariencia juvenil y su aspecto atractivo y seductor  con una pose profesional y distante. Su mirada invitaba a relajarse, era como contemplar uno de esos lagos de aguas cristalinas que reflejan un cielo azul puro. Al inclinarse sobre mí para colocarme los electrodos del equipo de encefalografía, un mechón de su melena rubia me rozó el cuello produciéndome un involuntario estremecimiento.
- ¿Estás bien? ─preguntó.
- Sí ─conteste distraído─. Es la incomodidad de los electrodos.
- Termino en seguida. Mientras tanto, relájate y cuéntame lo que ibas a comentarme que te sucedió anoche.
- Pues, verás, me acosté tarde y dormí mal, como casi siempre. Me desperté de golpe y me incorporé en la cama. El ambiente estaba cargado de olor a sudor, sexo y un perfume dulzón. La habitación se hallaba iluminada por numerosas mariposas de luz que flotaban sobre lámparas de aceite depositadas en el suelo. A mi lado, alguien parecía estar durmiendo, aunque no recordaba haberme acostado acompañado. Podía ver con el tenue resplandor de las llamas una espalda desnuda y el inicio de unas caderas femeninas. Toqué su piel y me sacudió una oleada de frialdad, a pesar de que era una noche cálida. Subí mis dedos hacia su cabellera pero me detuve cuando mis dedos palparon algo líquido en su cuello. Incluso en la penumbra, sabía con certeza que lo que mojaba mis dedos era sangre. Con delicadeza, comencé a girar el cuerpo de la mujer. Conforme volvía su rostro hacia mí, empecé a reconocer los rasgos, pálidos y rígidos. Eran de Rachel, una militar canadiense que estuvo conmigo en Afganistán.
- Conozco esa parte de tu vida, Javier me informó de ello. ¿Qué más ocurrió?
- De repente, ella abrió los ojos y me dijo: "¿Por qué me despiertas?"
    Hice una pausa prolongada, como si memoria se hubiera quedado atascada en ese preciso recuerdo.
- ¿Y qué pasó después? -me apremió la neurofisióloga.
- Nada. Ella, la mujer muerta que me recordaba a Rachel, desapareció.
-¿Desapareció?
- Desapareció. Y las lámparas de aceite y la mezcla de olores. Estaba solo en mi cuarto. El único resplandor que quedaba venía de mi despertador en la mesilla de noche. Marcaba las 3:03.
- ¿Y eso te ocurrió anoche?
- No, hace un par de días. En mi apartamento de la costa. Justo la noche antes de coger el tren y venir a Madrid para acudir a tu consulta, como me recomendó Javier, tu amigo el psiquiatra.
- Y amigo tuyo, ¿no? El mismo que te estuvo tratando de estrés postraumático.
- Yo jamás he padecido tal cosa. He hablado varias veces con Javier de mis experiencias en las zonas de operaciones porque es amigo, además de psiquiatra militar.
- Ya, pero el caso es que tienes con frecuencia sensaciones de Déjà vu y sufres sueños, cómo decirlos, bastante vívidos. La buena noticia es que en su experta opinión no padeces ningún trastorno psiquiátrico serio, pero quiere descartar que exista algún tipo de alteración funcional en tu cerebro. Y, eso, explorar la fisiología del cerebro, es mi especialidad.
- La verdad es que estaba un poco nervioso antes de entrar. No me hace gracia que me pongan electrodos en la cabeza y todo eso, pero ahora estoy más calmado, de hecho, me encuentro mejor.
- ¿Mejor? ¿Y eso por qué?
- Porque tienes una personalidad muy tranquilizadora, además tienes una mirada muy dulce. Lo digo hablando profesionalmente ─intenté aclarar.
- Pues, profesionalmente, vamos a centrarnos en hablar de lo que te pasa. Ya me advirtió Javier de que eres un poco peligroso.
- ¿Peligroso yo?
- Liante.
- Ah, cosas de Javier.
- Vale, escucha. Primero vamos a hacer un electroencefalograma basal, luego usaremos estímulos auditivos y visuales parta ver la respuesta.
    Eva se agachó para  manipular los interruptores de los aparatos de exploración. Llevaba un traje azul claro debajo de la bata y desde mi posición tenía una excelente perspectiva de su escote, que permitía apreciar el inicio de unos senos bien formados. ¿Para qué necesitaba otra clase de estímulos? De repente, la neurofisiología se levantó y me pilló con la mirada clavada en su pecho.
- Esos estímulos son lo que los neurofisiólogos llamáis potenciales evocados, si no me equivoco  ─apunté con rapidez para disimular.
- Correcto, potenciales evocados ─replicó ella, aparentando que no había reparado en mi repaso─. Y, por último, vas a quedarte solo en esta habitación, vas a intentar relajarte al máximo y entonces te aplicaré un pequeño campo magnético en la zona del lóbulo temporal.
- Esto último no me hace gracia. A ver si me fríes las pocas neuronas que me funcionan bien ─dije intentando bromear.
- No hay de qué preocuparse. Es totalmente inofensivo, pero si hubiese alguna parte en ese área cerebral que fuese sensible a estímulos que no hayamos detectado antes, con esta prueba lo sabríamos.
- ¿Cómo? ¿Cómo lo sabrías? ¿Se observarían variaciones en el electroencefalograma?
- Sí, e incluso es posible que llegues a experimentar de modo fugaz una ilusión en forma de sonido o falsos recuerdos, pero no es frecuente.
     Las primeras pruebas fueron tediosas, pero según me iba relatando Eva no delataban nada de particular. Llegamos al último paso, con los electrodos pegados a la cabeza, me colocó un generador de campo magnético junto a mi lóbulo temporal derecho y abandonó la habitación. El lugar estaba protegido para que no entrase ningún ruido exterior por lo que el silencio era absoluto. Poco después, se apagó la luz contribuyendo al aislamiento sensorial.
- Relájate más,  respira despacio y piensa en algo agradable. Estaremos en comunicación a través de los micrófonos y altavoces entre la habitación donde estás y la contigua, donde me encuentro yo.
    Cerré los ojos en la oscuridad, traté de apaciguar mis pensamientos y poco después mi imaginación me trasladó hasta la escena de una playa solitaria, bajo un cielo azul sin nubes y un mar de olas sosegadas.   Me encontraba tumbado sobre una arena dorada y sedosa y junto a mí estaba una mujer a quien, en mi ensoñación, empecé a darle la forma de Rachel. Pero no era Rachel. De forma sorprendente era Eva, la neurofisióloga. Lo cierto es que las facciones de Eva me habían recordado a Rachel desde el primer momento, incluso la forma de mirar y de moverse me recordaban a Rachel. O eso me parecía. Quizás el problema era que de modo inconsciente buscaba a una mujer que fuera semejante a la que había amado y perdido. Fuera real o imaginaria. Estaba buscando el espejo de una mujer muerta, de un fantasma.
- ¿Va todo bien?
- Ni te lo figuras ─murmuré.
- ¿Cómo dices?
- Que sí. Ningún problema . Estoy relajado y no pasa nada raro... Espera.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Ha entrado alguien en la habitación?
- Nadie ha abierto la puerta.
- Pues no estoy solo.
- ¿Como en un sueño?
- No, no. Siento una presencia física, aquí, a mi lado.
- Abre los ojos. ¿Ves algo?
- Está muy oscuro... Pero, espera, sí. Hay algo denso en la misma oscuridad, como una sombra más espesa...ahora da la sensación de que desprende un brillo gris. Gris o morado, no sé.
- Respira tranquilo, lo que crees estar viendo está sólo en tu mente.
- Hace frío. Alguien me está tocando.
- Tienes el pulso muy rápido. Voy a encender la luz y a entrar.
- No respiro bien. Enciende la luz.
- No funciona el interruptor. Y la puerta está atascada. Levántate y ven hacia aquí. Sigue mi voz.
- No puedo moverme, Eva ─exclamé agobiado─ te juro que no puede moverme. Abre la maldita puerta y entra.
- No puedo. Voy a pedir ayuda.
- Espera, ya está pasando. No te vayas. Hay otra presencia en la habitación. Algo distinto. No sé lo qué es. Como humo blanco, brillante. La sombra se ha marchado. Huelo a violetas.
    En ese instante se encendieron todas las luces de la habitación, la puerta cedió y Eva entró dando un traspiés.
- ¿Estás bien?
- Sí. Quítame estos electrodos de la cabeza. ¿Qué ha pasado?
- Yo creo que has sufrido una crisis por la estimulación del  campo magnético. Todo lo has imaginado. Ha fallado el interruptor de la luz y encima se atascó la puerta. Eso ha hecho que te pusieras nervioso.
- ¿Y este olor a violetas? ¿Tú no hueles nada?
- Sí, yo también lo huelo, pero vendrá de algún otro sitio.
- ¿Cómo? ¿No dices que la habitación se cierra herméticamente?
- Ven, anda, vamos a mi despacho. ¿Quieres un café? Yo necesito tomar algo.

    Eva quedó en enviarme por correo los resultados de las exploraciones cuando los hubiese revisado. Me preguntó cuándo me marchaba de Madrid y contesté que aún pensaba quedarme un par de días más. Apuntó el número de mi móvil por si tuviese pronto el informe y en tal caso llamarme para que pasase por su consulta a recogerlo.
El día antes de regresar, recibí la llamada de Eva.
- ¿Te marchas mañana, no?
- Sí. ¿Tienes el informe? Si quieres me paso a recogerlo.
- Sí, está listo. Pero, además, tengo que contarte otra cosa. Y preferiría que no fuera en la consulta, así que si no te importa podemos quedar en otro lugar.
- Por mí, estupendo, pero no quiero robarte tiempo de tu vida privada.
- No te preocupes, no llevará mucho tiempo, pero es algo más personal que profesional, ¿entiendes?
- No, digo, sí. Bueno, da igual. ¿Cómo quedamos?
- Podemos quedar sobre las ocho. Hay un lugar no muy lejos de mi consulta que se llama El Kraken, está bien y a esa hora entre semana no hay mucha gente.
- Conozco bien el local. Años atrás, cuando vivía en Madrid, iba bastante por ahí.
- Qué casualidad. Entonces, perfecto. Nos vemos luego.
- Nos vemos.
    En efecto, a las ocho de la tarde del miércoles, El Kraken no es que fuera un apacible oasis pero permitía una relativa intimidad para poder conversar. Nada que ver con el bullicio y la música house comercial que se ponía a todo trapo los fines de semana. Ahora, sonaban los acordes de una sesión de Sasha, un regalo de buena música electrónica del que para mí era el mejor DJ del mundo.
    No descubrí a nadie conocido y las camareras eran nuevas. Pero aquel local seguía inundándome de recuerdos de una época en que pensaba que mi vida podría ser de otra manera, con espacio para el amor y no para el remordimiento y la soledad.
    Eran ya las ocho y diez y temí que Eva hubiera cambiado de opinión pero justo en ese momento entró en El Kraken. Hice una seña con la mano y me localizó enseguida, situado  al final de la barra más cercana a la puerta.
- ¿Qué quieres tomar, Eva?
- Una cerveza.
- ¿Nos pones dos Coronitas? ─dije, volviéndome hacia la camarera─. ¿Qué tal? ─pregunté dirigiéndome a Eva.
- Bien, siento haberme retrasado un poco.
- Para nada.
- ¿Y tú qué tal?
- Eva, ¿estás incómoda? Si no te apetece hablar aquí conmigo, no hay problema.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque rehúyes mi mirada y pareces un poco nerviosa, no haces más que jugar con el pañuelo que llevas en el cuello.
- No, no pasa nada, ¿por qué iba a estar nerviosa?, es que es un poco raro verte aquí después de estar en la consulta.
- Fue idea tuya.
- Ay, sí, es que...
- No andes dándole rodeos, sé lo que quieres decirme, mírame, por Dios, habla ya: tengo una lesión cerebral grave, seguro.
- Oh, no, no es nada de eso ─dijo Eva con una cálida sonrisa─. No tienes nada serio. Cuánto siento haberte preocupado ─añadió dándome un abrazo lleno de ternura que me dejó sorprendido.
- ¿Entonces?
- Es algo difícil de explicar, al menos para alguien acostumbrada al pensamiento científico como yo.
- ¿Te refieres a lo que pasó el otro día?
- No. Me refiero a lo que me pasó anoche. Pensarás que ahora soy yo la que estoy majara.
- No sé, a lo mejor, cuéntame. Es broma, mujer, eres lo más sensato que he conocido, si supieras la de gente rara que me he cruzado...
- Está bien. El caso es que anoche soñé contigo.
- Hombre, me siento halagado, sobre todo si era algo agradable, pero no veo nada de extraño en un sueño.
- ¿Agradable, dices?
- Ya se sabe que en los sueños puede uno tener sensaciones vehementes y...
- No he tenido un sueño más espantoso en toda mi vida. Ha sido horrible. La peor pesadilla. Creía que estaba muerta y atrapada en el purgatorio... o el infierno.
- Pero, de qué hablas, ¿cómo es posible?
- Te veía vestido como uno de esos cruzados de la edad media, con una cruz más corta en el pecho, una cruz de Malta, pero todo tu vestido estaba empapado de sangre. Y luego un desierto y unas ruinas humeantes. Olía a carne quemada y el aire era sofocante. Aún se percibía que la esencia del mal y del terror acaba de pasar por allí. Abandonando las piedras calcinadas se alejaba una mujer cubierta con una túnica en la que había estampada el dibujo de un pájaro oscuro con las alas extendidas o algo similar. Advertí  que no estaba sola, sino que iba acompañada de uno de esos guerreros. Nuestras miradas se cruzaron en la distancia, y lo que descubrí en la mujer de la túnica no era temor sino paz y ternura. Antes de perderse detrás de unas dunas, el cruzado también se giró durante un instante. Y te juro que eras tú. Quise despertarme, de algún modo consciente de que era una pesadilla, pero mis esfuerzos eran inútiles, estaba paralizada y experimentando un sueño lúcido de una intensidad extrema. A continuación, me vi rodeado de una oscuridad sin fisuras, excepto por las visiones de rostros demoníacos y los sonidos de lenguajes desconocidos. Fue entonces cuando pensé que  estaba muerta y condenada en algún lugar de padecimiento eterno, algo en lo que jamás he creído desde que soy adulta.
- Pero es evidente que no estabas muerta ni en el purgatorio.
- No, pero si existe el infierno debe de ser un horror semejante a aquello.  ¿Me pides otra cerveza, por favor?
- Claro. Continúa.
- Los rostros diabólicos fueron tomando rasgos humanos, pero deformes, como sufriendo heridas o quemaduras. Al instante, me encontré en otro lugar, rodeado de una luz abrasadora y ante una paisaje de arenas rojas sin límites. Estaba otra vez en un desierto y los rostros deformados eran de cadáveres que yacían esparcidos a mi alrededor. Tres y el otro.
- ¿Qué quieres decir? ¿Cuatro cadáveres?
- Tres estaban vestidos con ropajes árabes u orientales, y el otro,  con la cara hundida en la arena, con uniforme de soldado.
- De un cruzado.
- No, de un soldado moderno, de nuestros días.
- Perdona. Bebe un poco.
- Tengo que acabar. Sucedió algo inaudito: una mariposa, imagínate, una mariposa en el desierto sin una sola flor, una mariposa negra con reflejos dorados se posó en la nuca del soldado; y, de repente, éste, a quien creía muerto, se levantó de la arena. Tenía la cara manchada de sangre y barro, pero sus facciones no me eran desconocidas: de nuevo eras tú. Dabas unos pasos tambaleantes y comenzabas a gritar como un loco. Yo estaba allí, delante, a solo unos pasos de ti, aunque era como estar flotando un palmo sobre el suelo sin llegar a tocarlo. Tú te percatabas de que te estaba contemplando y entonces te acercabas despacio, dabas la impresión de estar malherido, extendías la mano y repetías unas palabras una vez y otra.
- ¿Qué palabras?
- Dos palabras. No sé lo que quieren decir, pero todavía retumban en mi cabeza. Decías  "¡komakam kon!"
- Es farsi. Significa "¡ayúdame!".
- ¿Farsi? ¿Qué idioma es ese?
- El persa, la lengua que se habla en Irán, pero también lo hablan muchos habitantes de Afganistán.
- ¿Y cómo es que hablas farsi o persa o lo que sea?
- Entiendo un poco y sé decir algunas frases. ¿Cómo lo has adivinado?
- ¿Yo? Querrás decir la pesadilla. Quizás no eran esas palabras pero a ti te suenan así. El mundo de los sueños es absurdo.
- Como las cosas que me ocurrieron en tu consulta. ¿Has traído los resultados?
- Sí, aquí tienes el informe ─dijo Eva, sacando un sobre de su bolso─. Pero ya te adelanto que las exploraciones son normales por completo.
- Entonces, ¿qué explicación tienen los fenómenos que pasaron? ¿Fueron inducidos por el campo magnético pegado a mi cráneo?
- No. De hecho, resulta que el aparato no estaba funcionando.
- ¿Qué? Pero, la presencia que percibí, el apagón de luz, el olor a violetas...
- He estado hablando con Javier y los dos coincidimos en que "las visiones" y los sueños lúcidos que presentas no son más que una manifestación de estrés postraumático. Algo te ocurrió en el desierto que no quieres contar. Aparte de la muerte de la militar canadiense durante el ataque a vuestro convoy, hay algo más, algo que hiciste y tratas de enterrar. Sean unas cosas u otras, son las causantes de tus trastornos y de que en la consulta sintieras la aparición de una presencia que no existía. En cuanto al apagón, no fue más que un fallo momentáneo del circuito eléctrico, el mismo que provocó antes que no funcionase el aparato generador del campo magnético... y en cuanto a esa aroma a violetas, aunque la habitación es casi hermética, hay conductos de ventilación y probamente llegó de otro sitio.
- Todo muy lógico. Según tú.
- Todo muy real, como la vida misma, sin nada sobrenatural, tan sólo hechos que a veces no comprendemos del todo. Y algo más: deberías de cambiar tu estilo de vida, relacionarte con las personas, ir al cine, a una fiesta, ya sabes a lo que me refiero. Créeme, no eres el único que tiene  tinieblas en su pasado.
- Soy consciente de ello. Por cierto, ¿no hablarás por ti?
- Es tarde, tengo que marcharme, llevamos ya un rato aquí.
- Todavía es temprano ─protesté echando un vistazo al reloj─. ¿Me permites que te invite a cenar? Oh, perdona ─me apresuré a continuar─, no sé si te esperan en tu casa un marido y unos hijos. Sería de lo más normal .
- No, no tengo marido ni hijos, pero estoy saliendo con una persona y me está esperando.
- Claro, vaya, me lo temía, pero era de suponer. Vamos fuera, no quiero que por mi culpa hagas esperar a esa persona. Aunque si fuese yo, sólo por volver a ver unos ojos como los tuyos esperaría hasta el fin del mundo.
- Eres un caso ─dijo con una sonrisa─. Javier tenía razón: eres peligroso. Pero me has hecho reír. Salgamos.

    En la puerta de El Kraken la noche nos recibió fresca, seca, sin un soplo de viento. Una típica noche madrileña de noviembre. Al fondo, paseo de la castellana arriba, la luna llena asomaba entre nubarrones deshilachados.
- ¿Te acompaño a algún sitio, Eva?
- No hace falta. Tengo el coche aquí, se lo dejé al aparcacoches.
- Voy a darte una tarjeta con mi dirección, el teléfono, que ya tienes y mi correo electrónico. Quizás te apetezca visitar la zona de la costa donde vivo, hay unos paisajes preciosos y excepto en verano es muy tranquilo. Además, me ayudará bastante hablar contigo.
- Lo que tienes que hacer es buscar ayuda profesional en el sitio donde vives ─replicó Eva, guardándose mi tarjeta en un bolsillo─, y si no, al menos alguien en quien confíes para abrirte de vez en cuando.
- Sí, tienes razón. Pero la verdad es que me gustaría volver a verte. Ya me has dicho que sales con una persona, pero no sé , podemos charlar. No creas que soy de los que insisten con una mujer, no es mi estilo, pero me caes bien, hay algo distinto en ti, y creo, vamos, es una sensación, creo que yo también te caigo bien a ti.
- Piensa lo que quieras, pero es mejor que no volvamos a vernos. Es verdad, que hay cierto misterio en ti que me intriga, pero, no te confundas con otra clase de sentimiento. Además, ya que hablamos de sensaciones o instintos, mi instinto me dice que lo mejor para no complicarme la vida es apartarme de tu camino.
    Durante unos segundos ambos guardamos silencio. El aparcacoches situó el vehículo de Eva frente a la puerta de El Kraken. Ella recogió las llaves y le dio una propina.
- Te agradezco tu franqueza, Eva. Te deseo de verdad que te vaya todo muy bien. Cuídate. Adiós.
- Que tengas buen viaje de regreso. Adiós.
    Él se dio la vuelta deseando separarse cuanto antes de aquella mujer que le había recordado tanto a otra a quien había amado con locura, pero sus pasos eran lentos, los pasos de un hombre perdido en las burbujas de su propia oscuridad. Al fin y al cabo, no se consideraba una buena persona, había sido capaz de sentir odio y venganza con una intensidad extrema en algunos momentos de su vida. Y aquella chica, la neurofisióloga, merecía compartir su vida con un hombre de pasado limpio y con todavía muchos años de ilusiones por delante para hacerla feliz.
    Eva se introdujo en su coche, bajó la ventanilla y respiró hondo. Con un leve temblor en la mano, buscó la tarjeta de visita y la arrugó entre sus dedos antes de dejarla caer fuera del vehículo. Echó una última mirada al hombre que aún estaba de espaldas bajo la luz amarillenta de una farola y se dispuso a marchar. De improvisó, distinguió algo oscuro revoloteando detrás de él: una mariposa negra cuyas alas desprendían reflejos dorados. Una mariposa grande, del tamaño de un pequeño pájaro.
    Notó que un escalofrío le recorría la columna como una lanza de hielo y se frotó los ojos: allí ya no había ningún pájaro o insecto, y el hombre comenzaba a alejarse. Respiró hondo de nuevo y se sintió mejor. Abrió la puerta del coche, recogió la tarjeta arrugada, la desplegó con cuidado y la guardó en su bolso. Hizo girar la llave de contacto y arrancó el coche.
    Rilke escribió:
    "No abras lo ojos. No está aquí,
    aquí ahora no hay nada, sino la noche."



28 comentarios:

  1. Mi querido JM!!!!
    Es tan completo tu relato, tan lleno de detalles, matices, colores, que he sonreído, emocionado, asustado, me ha dado escalofríos y me ha conmovido la soledad de tu protagonista, tienes un gran poder entre tus manos, lo sabías???.
    Hay sueños o pesadillas que asustan por su realismo, pero las sensaciones de estar acompañado, ese frío y ese olor a violetas estando despierto va más allá, sintió dos presencias, creo que una buena y otra no tanto, verdad?? y el sueño de la doctora?? increíble!!
    Voy a creer de verdad que eres peligroso, jajaja, bueno tu protagonista, lógicamente la fisioneurologa es una mujer bella, claro, no podía ser de otra manera y quedó cautivada por tu personalidad y misterio y esto no termina aquí seguro.
    Pero lo que me conmueve es esa imagen de soledad al final, aunque acompañada siempre de una mariposa negra, tu compañera fiel, tu luz y protectora.
    No te digo cómo me ha gustado tu historia, que ya lo sabes, ni lo bien que la has narrado, lo que sí te digo es que me alegra mucho tu vuelta a casa.
    Gracias amigo mío, por volver.
    Un enorme abrazo de cariño!!!!

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    1. Neurofisióloga, quería decir Inti, jajaja, le había cambiado el orden, no sé si será correcto o no existe dicho así, esa especialidad.
      Abrazos...abrazos...sin fin, con cariño!!!!!!

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    2. Gracias, Estrella, como siempre siento muy cercana la calidez de tu amistad, de tu compañía. El término correcto de la especialista es "neurofisióloga", los neurofisiólogos son médicos especialistas en técnicas de exploración del cerebro y del sistema nervioso periférico, para ello usan exploraciones como el electroencefalograma y muchas otras. La médico en la que se inspira el relato es real y una magnífica profesional.
      Este relato habla de demonios interiores, de nuestros recuerdos malditos, de nuestros sueños reprimidos, de llegar al corazón del horror. También habla de símbolos de amor, de bondad, de perdón. Y, como no, del azar, de la predestinación y de vidas vividas en el pasado.
      Muchos besitos, cuídate.

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  2. Muy buena entrada!! Una historia que atrapa hasta el final.
    En cuanto al tema elegido creo que, un hombre vive de sus miedos, porque son ellos los que crean las brillantes ideas del ingenio o las pesadillas más terribles.
    Un placer leerte!!!
    Cariños…

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    1. Me alegro de que te resultara entretenido el relato. En las palabras he vertido un poco de esos miedos de los que tú hablas, pero por encima de la sensación de aislamiento todavía vive la capacidad de apasionarme.
      Un beso.

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  3. Me asombran tus escritos
    Sos lo mejor que he leido en mucho
    tiempo en cuentos cortos...
    No se tu nombre no se como llamarte.
    Gracias por compartir tu magia con nosotras

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    1. JM para los amigos. Me da mucha alegría que gusten este tipo de relatos, me da miedo pensar que son un poco largos para este tipo de blogs y, por otra parte, tienen mucho de personal, de cosas que pienso que no serán entendidas. Así que, ¡un montón de gracias! Besos.

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  4. JM

    ¿asi te llaman?
    Mas besos escondidos del sol

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  5. JM.,
    la creación de la persona se relaciona estrechamente con el tema de lo divino, con el de la historia y con la fenomenología de los sueños.
    María Zambrano pensaba en "...una filosofía «oriental» en el sentido en que utilizaban el término los místicos persas: como un tipo de conocimiento que se origina al oriente de la Inteligencia, allí donde el sol o la luz se levanta y que trata de la visión interior, una filosofía de la luz de aurora. Y la luz inteligible es, el albor de la conciencia, que no siempre ha de ser la de la razón, o no sólo, o no del todo, pues la razón habrá de ser asistida por el corazón para que esté presente la persona toda entera. La visión depende, efectivamente de la presencia, y quien ha de estar presente es el sujeto, conciencia y voluntad unidos.
    La palabra se aplicará en el trazo de los símbolos y más allá, donde el símbolo pierde su consistencia mundana manteniendo tan sólo su carácter de vínculo. Entonces es cuando la razón-poética se dará plenamente, como acción metafórica, esencialmente creadora de realidades y ante todo de la realidad primera: la de la propia persona que actúa trascendiéndose, perdiéndose a sí misma y ganando el ser en la devolución de sus personajes."...
    Es un poco rollo dicho así corriendo, pero el pensamiento es precioso, la búsqueda de uno mismo y el camino desde el sueño tangible, de finalidad como ella los llamaba, el de la vigilia, (el tuyo o los tuyos parecen ser así), hasta el final, el final de la palabra como puerta de salida de la conciencia. Allí la poesía espera, por eso los símbolos, necesarios en ella y tan abundantes en tu poesía.
    Un buen regreso y un beso,
    ana

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  6. Nuestros sueños, buenos y malos, son las pequeñas divinidades que nos acompañan cada día. ¿Qué puedo decirte más después de las palabras que me has traído de María Zambrano? No puedo ni atreverme a interpretar de otra forma lo escrito. Sólo decirte que es un relato muy íntimo, donde necesitaba sacar cosas, venenos y esperanzas. Todo siempre lleno de los símbolos que ya conoces, cada objeto, cada fecha u hora, cada nombre, si Jung me cogiera por banda... Bueno, siempre está a mi lado esa mariposa negra que representa la fe en el amor que nunca desaparece. Y en que también hay buenas personas en la vida. Muy buenas.
    Besos, amiga mía.

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  7. He estado en vilo todo el rato, muy atenta. Es muy interesante, muy misterioso, incluso a veces entra un poco de miedo :) Me ha gustado mucho, escribes muy bien.

    Un beso grande.

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    1. Pues, nada, a disfrutar con estas "oscuridades". Un placer tu compañía. Besos.

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  8. JM, una entrada estupenda, una de las que más me han gustado hasta ahora, por su capacidad de atrapar desde el principio, una red de hilos que van atrapándote a la vez que se destejen. Toda una paradoja no?
    Un besazo amigo

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    1. Bueno, es que cuento las cosas como las siento, o como las "veo" en mi cabeza. Creo que lo más importante es sentirlo, acompañarlo de experiencias propias, por eso el relato parece cercano. Gracias por tu comentario, guapa. Un beso.

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  9. Un relato que te atrapa con su intriga y misterio.

    Me ha gustado mucho.

    Besos.

    Lunna.

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    1. El relato tiene un poco de todo. Como siempre, un poco de verdad y un mucho de imaginación. Pero me quedo muy a gusto escribiéndolo, aunque no lo leyera ni una persona, es como una verdadera "catarsis" (iba a decir orgasmo, pero es exagerado).
      Besazo.

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  10. JM, porqué no escribes un libro?, seria el no va más, tienes un estilo inconfundible, muy tuyo. Claro que atrapas, y nos tienes en ascuas hasta el ultimo momento. Deberías de plantearte lo del libro. Esta entrada es genial, me gusta por su misterio, cosa que plasmas muy bien, aunque tengo que confesarte que da un poco de yuyu...lo dibujas genial.
    Y ahora te confieso que ayer, ya tarde, entré, pero estaba tan cansada de tanto filosofar, jajaja...que me dije tendrás que esperar hasta mañana JM.
    Y aquí me tienes.
    Bueno, hoy no estoy menos cansada, he bregado mucho, ya sabes, todos los días no son iguales, y mañana me espera otro día de la misma índole.
    Un abrazo de buenas noches JM

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    1. Uff, gracias Carmen por animarme, pero me temo que no tengo suficiente disciplina como para poner a escribir ordenadamente. Escribo a ratos, cuando me ha ocurrido algo que deseo expresar, cuando vuelve un recuerdo intenso...ya sabes.
      Besicos.

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  11. JM, "eterno"... es todo aquello que dura una fracción de segundo, pero con tamaña intensidad, que se petrifica, y fuerza alguna es capaz de salvarlo...

    Ese reconocimiento también lo sintió Eva...

    Mi beso en ese rincón donde te encuentras.

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    1. Gracias, Amie por tus palabras tan cariñosas como siempre. Estoy de acuerdo contigo, la percepción de algo "eterno" puede depender no solo de la duración sino de la intensidad. Como aquel libro: "Yamila: Un día más largo que una vida".
      Es difícl encontrar a alguien que tenga ese reconocimiento de sentimientos que son eternos.
      Cuídate mucho. Besos.

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  12. Iba a escribir: increíbles sueños, pero rectifique… viniendo de tu cabecita son los sueños más normales de este mundo y sus alrededores. Y de nuevo te has quedado prendado por una hermosa mujer, una pena que no tenga sus propias facciones y no las de tu Rachel, creo que sería bonito empezar de nuevo en otra cara… en una persona distinta; en fin, que todo esto ya pertenece al pasado...
    Inquietante sueño el de tu neurofisiología, eso que esconde tu mente tiene que ser lo bastante dramático como para meterse en la cabeza de ella y asi poder contártelo…
    Como siempre un texto entretenido y ameno, un placer leerte.

    Besos.

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    1. Bueno, sí, mi cabeza da para muchas fantasías. Como me han pasado cosas curiosas en la vida, tengo facilidad para agitarlas (no mezclarlas) con un poco de imaginación y escribir estas entradas. Yo me lo paso bien y si además entretengo a quien lo lea, pues de fábula.
      En una cosa tienes razón: tengo que salir de mis círculos y buscar en otros sitios. Otras caras nuevas y dejar el pasado.
      Besitos.

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  13. El testo no es malo pero muy muy largo para un blog

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    1. Tienes razón, Lola. Gracias por tu visita y comentario.

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  14. Ciertos textos tienen que ser largos
    En mi caso tengo que escribir corto por mi personalidad
    no se mide el arte por lo largo o lo corto
    se mide por calidad

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    1. Sí, cada uno tiene su forma de expresar sensaciones y experiencias. A mí, a veces me sale corto y otras no. Cuando sale un poco largo parece que si lo divides en partes es peor. No se sabe cómo acertar. El caso es dar salida a nuestros corazones y si le agrada a alguna o algunas personas, mucho mejor.
      Un beso.

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  15. Sabes imprimir a tus personajes vida propia, como si una vez, que el autor le da vida, son ellos los que se mueven por la historia a su libre albedrio, conformando una narraciòn donde el lector se queda hasta el final. Enhorabuena .

    un abrazo

    fus

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  16. Muchas felicidades y espero que el pròximo año te traiga todas tus ilusiones hechas realidad.

    un abrazo

    fus

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