domingo, 9 de diciembre de 2012

LA AFGANA

 

-    ¡Fóllatela!
  A veces sueño con el desierto. Y con huesos que se mecen en la arena como blancas constelaciones de despojos.
En las pesadillas, una voz viene de dentro. Una voz áspera, ciega, que no conoce tonos de compasión, que siega vidas.
  -    He dicho que te la folles. Aquí. Delante de todos.


Zandrak era un Lord of War, un Señor de la Guerra de Afganistán. Había combatido primero contra los rusos y ahora contra los talibanes. En teoría, un aliado de la ISAF, es decir, de las fuerzas de la OTAN desplegadas allí. En la realidad, un ser inmundo, un hijo de puta sanguinario al que lo único que le importaba era mantener sus cultivos de opio.


Después de la muerte de Rachel había abandonado el desierto para ir a España, pero al cabo del tiempo sentí que mi vida estaba completamente vacía y decidí regresar de nuevo a Afganistán. A vestir un uniforme del ejército y a colaborar con la misión humanitaria. Era un buen sitio para no pensar demasiado en la transcendencia o intranscendencia de estar vivo. Respirar, comer, andar, dormir…Y un día más, despertándose con el polvo rojo del desierto incrustado hasta en las más pequeñas arrugas de la cara.


Ahora estaba en el campamento de Zandrak, donde había sido enviado como oficial de enlace de OTAN y para procurar el reparto de medicamentos y otras provisiones. El Señor de la Guerra estaba contento con los suministros. Y para celebrarlo, pretendía que violara en público a Dhara. No se podía llamar de otro modo al resultado de coaccionarme para tener sexo con una jovencita.
Había tenido ocasión de observar a la chica cuando la trajeron al campamento y la bajaron a empellones de un camión. Antes de que la cubrieran con un burka, hubiera apostado  por su aspecto  que no pasaba más allá de los dieciséis.
Ese tipo de espectáculos formaban parte del particular sentido de humor del Señor de la Guerra.
Diversión, sadismo y venganza. Para esa gente, las mujeres no valían para nada que no fuera servir y complacer a sus amos.
Aquella chica, capturada en una aldea cerca de la frontera con Irán, añadía un particular motivo de desprecio: era una guerín, una mestiza, infame mezcla de una afgana y un occidental. Los rasgos de la joven delataban sus orígenes: facciones suaves en el rostro, pelo castaño, casi rubio,  y ojos claros como las aguas de un mar tropical.

-    ¿A qué estás esperando? ¿Es que vas a despreciar mi regalo? –insistió colérico Zandrak, el Señor de la Guerra.
-    Es sólo una niña –argumenté.
-    ¿Una niña? En mi pueblo a su edad ya son madre de dos o tres hijos.
-    Pues en mi pueblo, lo que tú pretendes es una barbaridad. Además, aunque fuera mayor, tampoco se puede hacer. Es un crimen, algo repulsivo. ¿No comprendes que es forzar la voluntad y la dignidad de una persona?
-    Lo que entiendo –dijo con manifiesto disgusto–  es que tú estás aquí para procurar que las relaciones entre la ISAF y yo se mantengan por un camino de amistosa colaboración.  Bueno para la OTAN y bueno para mí.
-    ¿Pero has perdido la cabeza, Zandrak? ¿Cómo se te ocurre proponerme algo semejante?
-    Escucha, español, esa chica es estiércol de camello. Fruto de una relación abominable para nosotros. Y debe recibir el castigo más apropiado. La bastarda debe ser poseída por un occidental como su madre. Pero si no estás dispuesto a cooperar…
-    ¿Qué?
-    No te pongas chulo, español. A ti no voy a tocarte. No sería bueno para los negocios provocar a las fuerzas de la OTAN. Pero de ella se encargarían mis hombres –amenazó, abriendo un amplio círculo con su brazo–. Y cuando se hubieran hartado de ella, se le aplicaría el castigo que manda nuestra tradición: será metida en un agujero, con la cabeza fuera, y  apedreada hasta la muerte.
Lapidación.
Sentí que me abandonaban todas mis fuerzas. La pistola semiautomática de 9 mm que colgaba de mi cinturón se podía considerar un juguete inútil frente a aquella partida de hombres armados con fusiles de asalto Kalashnikov.
De un momento a otro empezaría a soplar de nuevo el Gasmir, el viento de los ciento veinte días, y los gritos de la muchacha quedarían enmudecidos entre los rugidos de aquellos bárbaros y el aliento de los demonios del desierto.

-    Está bien Zandrak. Sea como tú dispongas. Pero con dos condiciones.
-    Habla.
-    En primer lugar: no me acostaré con la muchacha delante de ti y de tu tropa. Lo haré dentro de mi tienda.
-    Hay tan pocas diversiones aquí, tan pocos, cómo decir, shows. Y tú nos quieres privar de uno. Nunca comprenderé por qué sois tan reservados los occidentales. Demasiado delicados. Así no ganareis la guerra.
-    Bueno, qué decides.
-    De acuerdo –accedió a regañadientes–. Pero ni se te pase por la imaginación que vas engañarme. Enviaré a una vieja para que compruebe que has cumplido con tu cometido. Y si no está claro por completo…–hizo un ademán con la mano de rebanar la garganta–. ¿Qué más quieres?
-    Regálame a la chica. Cuando me marche dentro de tres días, que se venga conmigo.
-    Vaya. Primero tantos remilgos para poseerla y ahora te encaprichas de ella. ¿Lo haces para llevarme la contraria? No, mejor no contestes, español. En fin, qué más da. Es basura, puedes quedártela.

 Condujeron a Dhara a mi tienda y, sin miramientos, la tiraron al suelo. Le arrancaron el burka negro, raido y manchado de polvo, dejándola desnuda. La chica tenía un cuerpo delgado y largo y su mirada revelaba más odio y repugnancia que terror. Al menos, no presentaba signos de haber sufrido violencia física hasta el momento.
-    Toma, español. Esa es tuya toda–dijo uno de los guardianes en un pésimo inglés, al tiempo que hacía gestos obscenos con las manos.
-    Fuera. Largo –vociferé en farsi.
De inmediato, tomé una manta de mi equipo y cubrí con ella a la muchacha.
-    Escucha –dije despacio–, voy a hablarte en inglés. Sé que entiendes muchas palabras. No tengas miedo. Tenemos que marcharnos de aquí. Vamos a marcharnos de aquí. Los dos. Vivos. Pero, antes. Pero, antes…
“Dios Mío, ¿cómo voy a lograr explicárselo a la chica?”
Dhara fijó sus ojos en los míos. En la profundidad de aquella mirada brotaba el resplandor de una férrea determinación por vivir.


Dejó caer la manta hasta la cintura y se abrazó a mí. Su rostro estaba ahora pegado a mi cuello y sentía la humedad de sus lágrimas contra mi piel.
-    ¿Sabes lo que tenemos que hacer, Dhara? ¿Lo sabes? Si no lo hacemos, te matarán.
La muchacha asintió con la cabeza y se tumbó de espaldas arrastrándome hacia ella.
Una náusea circuló por mis entrañas hasta detenerse en la boca con un regusto agrio.
Con toda la ternura de la que era posible, aparté algunos mechones apelmazados y cubiertos con barro de su rostro.
Y traté de pensar en Rachel. En el tiempo que habíamos compartido juntos como un sueño. En las noches en que nos habíamos amado.
“Rachel”
-    Dhara.
“Te quiero tanto, Rachel”
-    Perdóname, Dhara. Perdóname, cariño.



Tuve que pasar dos inacabables días más en el campamento del Señor de la Guerra. Durante ese tiempo, Dhara no salió de mi tienda. Procuré que se alimentara bien, que descansara y que recuperase fuerzas antes de marcharnos. Los muyahidines se figuraban que utilizaba a Dhara como esclava de mis caprichos y tenía que soportar a menudo  sus muecas groseras. 
La noche antes de salir no cesaba de dar vueltas al presentimiento de que Zandrak tuviera planeado tendernos una trampa. Se suponía que, siguiendo los protocolos acordados con los representantes de la ISAF, los hombres de Zandrak nos darían cobertura hasta alcanzar la parte más segura de la ruta Lithium. Pero cualquier accidente era posible. 
La ruta Lithium  comunicaba Qala-e-Now, centro de las tropas españolas de la ISAF, y Bala Murghab, controlado por los talibanes. Aunque las fuerzas aliadas se esforzaban en dar seguridad a la circulación, con demasiada frecuencia los vehículos y los convoy sufrían el hostigamiento de incursiones talibanes. Para Zandrak no resultaría en absoluto problemático acabar con nuestras vidas y fingir que el suceso era causado por un ataque de la insurgencia.
 Mi idea era salir al amanecer: la carretera era demasiado tortuosa y accidentada como para emprender camino sin la luz del día. Me puse a revisar el vehículo, cuando, desbordado por la impaciencia, decidí dirigirme a la tienda del Señor de la Guerra.

-    Considéralo un presente con mis mejores votos para tu prosperidad y éxito en el combate –le dije a Zandrak mientras le ofrecía mi reloj, un magnífico Omega Seamaster Quartz –. Sabía que te iba a agradar tener un reloj como este. Es auténtico, suizo, no una de esas imitaciones de diez dólares que abundan por aquí más que las moscas. Además, esto no es más que un pequeño gesto para agradecer que me entregases a Dhara. Mi dicha sería ya completa si dieses tu bendición para nuestra marcha.

 Sandrak me recorrió con una mirada sesgada, apuró de un trago una taza de té oscuro y se golpeó en el muslo con la palma de la mano.


-    Eres listo, español. Nuestras costumbres me obligan a corresponderte. Márchate con esa criatura del diablo si es tu deseo. Tienes mi palabra de que nadie impedirá tu partida y de que te daré protección hasta la zona transitada de la ruta Lithium.
-    Gracias, Zandrak.
-    Podrías haberme regalado esa daga, es más común en este país –observó el Señor de la Guerra señalando un chaku, un cuchillo de guerra afgano, que pendía de un lado de mi cinturón.
-    Por eso, porque es más común en Afganistán. Sin embargo, el reloj es un regalo más especial. Por otra parte, la daga es a su vez un regalo muy personal que recibí de un hombre religioso, sería ofender su recuerdo el que yo te la ofreciese ahora.
-    Tienes mucha…, eres muy talkative, muy locuaz, español. Pero yo de ti, vigilaría bien dónde dejo esa daga; no me fiaría de que la chica intentase rebanarme el cuello durante el viaje.
  Aquel pensamiento debió parecerle muy gracioso y soltó una estrepitosa carcajada.

-    Gracias por el consejo. Tendré cuidado.
-    Y otra cosa.
-    Tú dirás.
-    Comunica a tus jefes que la próxima vez manden a otro oficial. No quiero volver a verte por aquí… o ya no saldrás con vida. 

 En el rostro de Zandrak había desaparecido cualquier expresión divertida. Hablaba por completo en serio.






A las tres de la mañana de un sábado cuatro años después, en Madrid, El Kraken estaba lleno hasta el palo de la bandera. El DJ había dejado por fin de castigar mis tímpanos con música trance, al más puro estilo de Ibiza, para meter una versión house, muy bailable, de "Du du", un éxito del cantante turco Tarkan.
-     Chicas, me voy –dije alzando la voz cuanto pude para que me escucharan Chusa y Elena. Eran dos amigas de toda la vida, las dos ya divorciadas e intentando revivir tiempos pasados; un ciclo que hoy día era muy corriente de encontrar.
-    ¿Dónde vas tan temprano, brother? –me espetó Chusa. Llevaba un vestido corto con unas medias de malla negras y parecía empeñada en volver a los veinte años.
-    ¿Dónde voy a ir?  A dormir.
-    ¿Solo?
-    Es como mejor se duerme, ¿no? Además como tú no me haces ni caso… –piropeé, sabiendo que a Chusa le gustaba que le dijese ese tipo de tonterías.
-    Oye, JM, un día de estos te voy a soltar que me lleves a tu casa para echar un polvo y te vas a quedar más cortado que un solomillo.
-    Menos lobos, Caperucita, que ya nos conocemos.
-    Era una broma.
-    Vale. Me voy.
-    No era una broma, JM.
-    Para ya, Chusa, que me estás mareando.
-    Oye, en serio, la peña se marcha ahora a “La Rueca”; ¿por qué no te vienes?, joder. No te encierres como un cuervo en tu casa.
-    Como un cuervo… Anda que me estás vistiendo de limpio esta noche. En La Rueca no paran de poner salsa, Chusa, y ya sabes que yo no bailo salsa.
-    Pues con Rachel bien que bailabas lo que te echaran. Ya es hora de que lleves una vida normalita, si no te importa que te lo diga.

- Me importa.

- Tú mismo. Perdona que te lo haya dicho.
- No pasa nada. Me voy. Venga, un beso. Nos vemos. 


En cuanto abrí la cerradura y entré en el interior de mi piso, supe que no estaba sólo. No me preguntéis cómo, lo sabía y punto. Aquel piso era un universo ordenado: los libros en su sitio, la oscuridad en su sitio, los fantasmas en su sitio. Pero quien había roto esa armonía no era un espectro, era un ser humano y un potencial atacante. Eso me soplaba mi instinto.
Me lancé de un salto hacia la estantería y con un sola acción saqué un grueso libro –The Works of Shakespeare–, lo abrí y extraje de su interior hueco un revólver corto, un Smith and Wesson de calibre 38.
Algo detrás de mí se desplazó con rapidez hacia el centro del salón, como la sombra de un pájaro en vuelo.

-    Hola, español. Ten cuidado con eso.

“Español”.  Zandrak , el Señor de la Guerra, y sus hombres se dirigían a mí de ese modo.

Y también Dhara me había llamado así.
-    ¿Dhara? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado?
-    Deberías cambiar de cerradura. Esa que tienes no vale nada. Lo siento, no dispongo de mucho tiempo y tenía que verte; así que decidí hacerte esta visita. Supongo que no te habrás molestado porque no te esperase en el pasillo.

En un instante, regresé al pasado, cuatro años atrás, a las cercanías de Qala-e-Now, en el campamento de los muyahidines. Dhara estaba muy cambiada. Era toda una mujer, fuerte, hermosa, de mirada segura.
-    Estás muy cambiada Dhara.

Nada permanecía en la voz y en la mirada de Dhara que me recordase a la chica afgana de cuatro años atrás. Muy al contrario, me sacudió la sensación de estar siendo calibrado por un depredador antes de lanzarse al ataque.
Aquellos tonos dulces e ingenuos de sus ojos se habían disuelto en la oscuridad de un cielo a punto de descargar la tormenta. 

-    Sí, español. He cambiado. Gracias a ti –respondió.
Accioné a tientas el interruptor de una lámpara de mesa. Las pupilas de Dhara se contrajeron con la luz y recuperaron en parte el brillo suave y cálido que yo había conocido.
-    Cuando conseguimos huir del campamento de Zandrak –recordé–, alcanzamos la frontera con Irán y yo te dejé allí. Me dijiste que tenías familia en un poblado próximo.
-    Es cierto. Me diste agua, provisiones y me regalaste tu daga.
-    ¿Qué ocurrió después? ¿Pudiste encontrar a tus familiares?
-    Oh, sí, pero no me recibieron con entusiasmo, ni mucho menos. De entrada, me culparon de las matanzas que Zandrak había llevado a cabo en los poblados afganos que estaban en el borde de la frontera. Y también de que sus hombres terminaran de una forma cruel con la vida de mi madre. Sentí que de nuevo mi vida estaba en peligro y tuve que escapar. Esta vez sola.
-    Lo siento.
-    No. Fue lo mejor que pudo sucederme. Me topé con una patrulla norteamericana, me llevaron a su base, me dieron refugio y poco tiempo después me contrataron como intérprete.
-    Eso es magnífico. Fue una suerte que te encontrases con ellos. Mi idea en principio fue llevarte a una base de la ISAF, pero tú estabas obstinada en ir a ver a tus familiares de Irán.
-    Sí, tienes razón; no lo he olvidado. No fue culpa tuya.
-    ¿Qué ocurrió después Dhara? ¿Dónde estás viviendo ahora?
-    He vuelto al desierto. Los americanos me instruyeron bien y ahora hago trabajos de inteligencia para ellos.
-    ¿Inteligencia? ¿Quieres decir espionaje?
-    Oh, sí. Información. Me tiño el pelo y me coloco unas lentillas oscuras… o simplemente me pongo un burka y me convierto en nadie, ya sabes. Luego, recojo un poco de información de aquí o de allá o hago otro tipo de trabajo.
-    Prefiero no pensar en ello. Prefiero no pensar en que arriesgas de ese modo tu vida. Si los talibanes te capturan…
-    Los americanos me han entrenado a conciencia. Y  yo he sido buena alumna. Tanto, que una de las cosas que pude hacer fue infiltrarme en el campamento de nuestro viejo amigo Zandrak.
-    ¿Te ordenaron que fueras allí? Eso era todavía más peligroso que merodear cerca de los talibanes.
-    No, no, por supuesto. Al Señor de la Guerra se le consideraba todavía un aliado. Fue un trabajo que arreglé yo sola, los americanos no supieron nada.  Una liquidación de cuentas, si queremos llamarlo así. Me introduje en su tienda por la noche y lo asesiné como ejecutaban los antiguos guerreros afganos a sus enemigos más odiados.
-    ¿Quieres decir degollarlo y mutilarlo? –inquirí con aprensión.
-    Exacto. Rajé la garganta de Zandrak para que no gritara, y cuando se ahogó en su propia sangre, amputé sus genitales y se los introduje en la boca. 




Un sudor helado como la bocanada de una tumba se quedó pegado a mi nuca. ¿En qué habían convertido a aquella niña tierna y desvalida? Era una asesina. Un ser que vivía en los límites de la vida y de la muerte; sobreviviendo y matando con frialdad.
¿Habría podido yo evitar su vejación y una muerte segura de otro modo? Con sinceridad, creía que no, que nunca tuve otra opción. Pero no debí consentir dejarla sola en aquel trozo del desierto próximo a la frontera, por mucho que ella me insistiera en ello. Eso hacía que me sintiera ahora responsable de verla convertida en un sicario.
Deposité el revólver en una mesa del salón y apoyé  la mano en el brazo de un sofá.
Ella dio un par de pasos hacia mí, desanudó de su cuello un pañuelo de gasa blanco y se despojó de la chaqueta de cuero oscuro que llevaba encima. Sobre una ceñida camiseta apareció colgando del cuello un chaku –una daga de hoja curva– en su funda de piel. Con lentitud, extrajo la daga de su funda  y la extendió hacia mí. 


Hay un límite al que poco a poco te empuja el dolor de la ausencia, el recuerdo de los errores mordiendo como bestias heridas y el vacio amargo de cada despertar.
Un día cualquiera, algo regresa del pasado: espectros con labios abiertos o seres vivos con cuentas pendientes. Y el límite se traspasa. Y uno tiene la perfecta revelación de que hace tiempo que ya no debería existir, de que nada de lo que cree estar viviendo ahora importa en realidad.
Me quité la camisa y me senté en el suelo con las piernas cruzadas y el pecho desnudo. Había decidió entregar mi destino a Dhara y quería que ella fuera plenamente consciente de mi actitud.

-    Hay mucho odio y amargura en tu corazón, Dhara. Quizás pienses que yo soy también parte de ese pasado del que tienes que vengarte. Haz lo que creas que debes hacer. Yo nunca intentaré hacerte daño. No tuve más remedio que consumar aquello contigo o hubieras terminado de una forma horrible.


Dhara continuó acercando la mano con el arma mientras me miraba como el que se esfuerza en ver entre tinieblas. Al llegar al sitio donde estaba sentado, se inclinó hacia mí y su cabello, trigueño por la exposición al sol del desierto, acarició mi frente.
La afilada hoja que sujetaba su mano se detuvo a escasos milímetros de mi garganta, firme, sin el más ligero temblor. Hizo girar el cuchillo con un rápido movimiento de muñeca, de modo que el extremo punzante apuntó hacia ella,  ofreciéndome la empuñadura.




-    Lo sé, español. Sé que estoy viva gracias a ti. Toma, te devuelvo la daga que me diste cuando nos despedimos. Ya no la necesito.


 Recogí el cuchillo y lo deposité a mi lado. Dhara se arrodilló frente a mí, colocándose a mi altura, pasó sus dedos crispados por mis sienes y me abrazó con fuerza, casi con violencia.


-    No sabes cómo he pensado en aquel día en que me tomaste –musitó con un tono de voz que me sonó como un lamento–. En nuestros cuerpos unidos sobre el  suelo de tierra, en el olor a sudor de nuestra piel, en la humillación a que nos obligaron.
-    Yo tampoco he logrado olvidarlo ni un solo día. No he dejado de sentirme culpable y de rogar porque te encontraras a salvo y llegara el instante en que pudieras comprenderlo y perdonarme.
-    Desde entonces se creó un vínculo entre nosotros que no cesa de atormentarnos. Y sólo hay una manera de liberarse de esa sensación de vergüenza, de haber cedido a la degradación a que nos obligaron nuestros guardianes.
-    ¿Qué manera? ¿A qué te refieres?
-    Hagamos el amor. Como dos seres humanos libres. Así, en el futuro,  llevaremos paz a los recuerdos que nos han unido todo este tiempo.
-    No puedo, Dhara. No me siento capaz de hacerlo.
-    ¿Qué ocurre? ¿No te gusto? Seguro que han pasado otras mujeres por tu vida.
-    No es eso. Eres preciosa, una mujer muy bella. Volverías loco a cualquier hombre. Y sí, han pasado muchas mujeres por mi vida; pero también hubo y hay todavía momentos en que no puedo estar con ninguna.
-    Sé lo que le sucedió a la mujer que amabas. Tú dices que mi corazón está lleno de odio, pero el tuyo es un puro abismo de negrura. Por el bien de los dos, hagámoslo. Luego me iré y, quizás, ya no vuelvas a saber de mí. Quizás cualquier día de estos me maten al fin; parece un destino que no puedo eludir: el de una muerte violenta. Es lo que merezco.
-    No digas eso, no digas eso. No hables de ese modo, Dhara. No es lo que mereces. Has sufrido desde tú nacimiento, tú no has podido elegir cambiar de vida. Pero ahora puedes hacerlo; márchate a un lugar donde no te encuentre nadie. Yo puedo ayudarte a escapar y a encontrar un refugio seguro.
-    Gracias, pero ya es tarde para cambiar nada. Lo único que quiero de ti es que me hagas el amor. No puedes negármelo.
-    Dhara, aunque lo desease, me resultaría imposible. No puedo evitar seguir mirándote como aquella niña…




Sin pronunciar una palabra, Dhara deshizo su abrazo, se apartó de mí y se puso de pie. En la hondura del silencio, se fue desprendiendo con movimientos rápidos de toda su ropa hasta quedarse  desnuda.  Recogió el pañuelo de gasa blanco y tras sujetarlo a la cintura balanceó con sensualidad las caderas emulando una especie de danza tribal. Aquellos gestos avivaron dentro de mí algo que percibía como una llamada sexual primitiva, algo que enlazaba con la memoria animal que anida en el cerebro humano.
-    ¿Todavía piensas que soy aquella niña? –me preguntó en tono provocativo.

Conduje a Dhara de la mano hasta mi dormitorio tal y como lo habría hecho guiándola hacia un refugio en la noche del desierto. Flotando en la oscuridad de la habitación –sólo visibles para mí–,  los ojos del espectro de la mujer que había amado con el nombre de Rachel relumbraron con el estertor de una estrella que se extingue en el infinito. En su mirada latía la extrañeza de aquellos que se extravían en las minas de la muerte. La llamé en silencio. De repente sus ojos dejaron de ser nubes rojizas y me contemplaron irradiando compasión. Ternura. Perdón.
Entonces, la visión de Rachel se disolvió.
Y volqué mi cuerpo, mi alma liberada, el peso de mis sentidos, sobre la desnudez de la afgana.




Terminé de escribir La Afgana en La Manga, la noche del 1 de Mayo de 2010. DJ Tarkan sonando. El sabor de un Stolichnaya helado en mis labios.  Otros recuerdos en mis labios, también.










42 comentarios:

  1. Para terminar con las entradas que he puesto por el aniversario que cae por estas fechas, traigo una entrada antigua (2010)que he retocado y unido, pues iba en tres partes. Es muy muy especial para mí.Pido mil perdones por la extensión.
    Saludos, abrazos o besos, según corresponda.

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  2. No sé qué parte de verdad o de ficción corresponde a cada hecho, según tu costumbre de mezclarlas como el Vodka con hielo. Pero hay una, evidente, que de ser verdad, me pone los pelillos de punta. Sé también que habrás de haber pasado episodios tremendos, de hecho lo sé, pero la "aventura" de la oferta de violación me parece alucinante. Si es mentira, vaya, una imaginación calenturienta; pero si es verdad, qué horror de vivencia.
    Te mando un besito, si corresponde.
    ana

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    1. Dar un beso con los labios fríos de mojarlos en vodka helado es una experiencia a probar. También beber té chupando un trozo de azucar, como hacen los afganos. Qué cosas se aprenden.

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    2. Besos y alcohol, no me motivan mucho juntos, no bebo vodka en cambio me encanta el té, de todos los colores.

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  3. No creo que debas pedir perdón por la extensión,de no tenerla le faltaría alma y es así como debe estar.
    Es una historia terrible,que probablemente sea superada por muchas de la realidad de esos países donde la mujer no es más que como dice ese degenerado,basura...
    Son seres retrógrados cuya ignorancia les hace atarse a una "religión" fanática e imposible de entender para cualquiera que tenga algo de cultura,raciocinio,o sencillamente, corazón. Alguien que pueda pensar más allá y por sí mismo.
    Se educa tan bien a esas pobres mujeres,se les lava tan bien el cerebro,que en muchas ocasiones son ellas mismas quienes no ven otro modo de vida.
    Una historia,en definitiva,para removernos por dentro y lo has conseguido,¡vaya que sí!
    No sé que bebida puede ser el Stolichnaya,pero yo necesitaría muchos de esos para poder vivir en semejantes lugares...
    Besos.

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    1. Sí, muchas mujeres no se dan cuentan que están sometidas, nacen en ese ambiente, pero incluso en esos ambientes tan difíciles hay mujeres extraordinarias, muy valientes, una de ellas es Nima Suratgar, de quien he puesto una foto.
      Stolichnaya es una marca de vodka ruso.
      Besos.

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  4. Mi queridísimo JM!!!!!!!
    Sé que soy tonta y que me pasa muchas veces contigo, pero se me saltan las lágrimas al leerte y de pronto suena el móvil, ufff, no veas qué susto, ya que me encontraba allí en el desierto contigo, pero la realidad me ha sacado de ese horror y aunque nos duela ésta es la realidad y Orange con sus ofertas, por un momento me hubiera gustado que hubieras sido tú el que llamabas y me digo tonta!!!! que todavía no es adivino, jajaja, lo siento perdona, debe ser la cafeína...

    Volver a decirte que siento mucho todo lo que te ha ocurrido, situaciones tremendas y horrorosas que has vivido, no sirve de nada cuando es tu corazón el que vuelve a repetir todo lo acontecido, cuando es tu alma presa de tus sentimientos, cuando creo, que te ayuda compartir tu vida aquí, con nosotros, no sirve de nada decirte...lo siento mucho, creo que lo único bueno que puedo hacer es leerte, comprenderte y estar aquí contigo, apoyándote, dejándote mi cariño y un sincero beso, creo que corresponde, creo que es necesario y sé que es lo que quiero darte, bueno, eso y un enorme abrazo, como siempre, me dejas helada, emocionada por tu vida, por los retazos que nos cuentas, por tu amor hacia Raquel y sobre todo porque te mereces ser feliz!!!!

    Y ya está guapo, que me pongo muy sentimental cada vez que hablo contigo y me dan ganas de "achucharte" como a un osito de peluche, pues eso, un abrazo bien fuerte!!!!

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    1. No, mi querida Estrella, no soy adivino, a veces ni me doy cuenta de lo que tengo enfrente de mis narices, es que soy algo despistado, ja, ja.
      Recibo tu "achuchón" con todo mi cariño. Un beso, corazón.

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  5. Por mi no hace falta pedir perdón por su extensión.
    Lo he leído, me ha conmovido, no sé si este episodio es parte de tu vida o sólo ficción, sólo se que ahora mismo yo te mando un abrazo y no digo más nada, porque no quiero seguir llorando...hoy aún sigo con rimmel...besos en el alma :)

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    1. La verdad es que cuando uno es capaz de sacar fuera las cosas que queman dentro, cuando se cuentan, cuando se escriben, empiezas a sentirte mejor, a recuperarte como persona. Para eso sirven también los blogs, digo yo.
      Besicos.

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  6. Vienes con un escrito retocado y que hiciste en el año 2010 y es verdaderamente alucinante, desde el punto inicial "fóllatela", que en definitiva a mi no me dice nada la palabra, aunque entiendo el significado, es lo peor que puede ocurrirle a una mujer, pero dentro de lo malo, lo mejor, y fue el que te curzaras en su camino o ella en el tuyo, la intimidad mi querido Intimista, es o debería ser algo tan especial que ciertamente se debían esa limpieza de alma, la liberación tanto de la tuya como la de ella, ese dejar en el pasado lo que corresponde y quitarse culpas que no deberían estar, para así poder disfrutar de la desnudez que te ofrece una mujer que desea estar a tu lado, desnuda de alma y entregándote su esencia

    Beso tus labios con sabor a stolichnaya y me pregunto esperando tu respuesta por supuesto, cuales son esos otros recuerdos en tus labios?

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    1. Tarde, pero respondo, por si tus ojos vuelven a pasar por aquí: esos recuerdos más recientes en los labios merecerían otro relato, un relato de cómo un increíble número de casualidades pueden hacerte coincidir con otra persona para luego desaparecer por completo.
      Besitos.

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    2. Regreso por supuesto, como cada noche esperando tu respuesta y ahora que lo hiciste, espero con deseos te decidas a ese segundo relato compartirme

      Besitos

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  7. Un coctel aterrador...no hace falta pedir perdón Inti.Me has dejado turbada.Que pases un feliz día.Un beso.

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  8. Maravilloso, con todos ingredientes necesarios para atrapar al lector
    Feclicitaciones
    Un abrazo

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    1. Tiene cosas buenas y malas, así es la vida. Besos y gracias por venir.

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  9. El relato es largo Intimista, pero se hace corta la lectura por lo interesante que lo presentas, lleva cada parte necesaria para su desarrollo, el inicio es fuerte, de las cosas más dramáticas que existen para una mujer, pero el haber encontrado a JM en su camino y fuera él con su ternura quien abrigó a Dhara lo hace más digerible.

    Se debían una segunda oportunidad para calmar su alma, para liberarse cada uno de sus fantasmas y tristezas de aquellos tiempos pasados, de Rachel y pudieras volver a disfrutar ya liberado de un momento al contacto con tus sentidos.

    Besos Intimista

    (Blogger no me avisó de esta última actualización tuya)

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    1. Este relato podría ser un ejemplo de cómo se supone que funciona el karma, en este caso en una vida.
      Sí, hubo un problema con Blogger, que no actualizó mi página.
      Besos.

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  10. Pocas palabras en esta historia tan bien escrita....ALUCINANTE...ATRAPANTE
    besotes
    Pili♣

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    1. Qué alegría saber de ti, verte otra vez cerca. Besos.

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  11. Tus letras atrapan hasta en el desierto.

    Un beso.

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    1. Ja, ja, ja, el desierto no es tan mal sitio como parece, los hay peores y en cualquier ciudad.
      Besos.

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  12. Genial, me ha encantado tu relato, tus renglones son una espiral que atrapa y de la que no deseas escapar.

    Besos.

    Lunna.

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    1. Pues me encanta saber que no tienes prisa por escapar. Besos.

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  13. Oye que tu blog no se actualizó en el mio, y casi me pierdo la entrada esta que parece tan INTERESANTE a juzgar por la cantidad de fotos que hay,(jaja) ahora no puedo pero a la tarde me pongo a leerla, y diles a los de blogger que no fastidien, porfa.

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  14. Impresionante escrito!! El comienzo es horrible y duele cada letra escrita de la crueldad de la guerra y del poco o ningún valor que tiene para ellos una mujer-niña, ciertamente no habia otra manera de sacar de allí a Dhara con vida, tu lo has conseguido y a mi no me dolió nadita que cuatro años después Dahara se tomara la justicia por su mano, suena cruel pero es lo que siento hacia ese Señor de la Guerra.
    Precioso final, donde la paz reina y la libertad tambien.
    Besitos.

    P.D. Vodka y besos… que pena no me gusta el vodka.

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    1. A cada cerdo le llega..., ya sabes, aunque no siempre hay justicia en el mundo.
      A veces hay luz en la oscuridad, calor en la frialdad, amor en el dolor, ese es el final del relato.
      Veo que el vodka no es muy popular aquí y lo comprendo, yo comencé a apreciarlo en Kirguizistán,en el descanso después de las misiones en Afganistán, aunque solo ocasionalmente tomo algún chupito.
      Besos.

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  15. Puedo imaginarme la sensación de tu carne pugnando por entrar entre los muslos de aquella niña. Placer, excitación, pero tristeza y dolor. Seguro que te corriste, aunque con dolor de conciencia. Entiendo bien el planteamiento. Un beso de regreso.

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  16. Me alegro de que entiendas el planteamiento, los hombres somos un poco cortos de recursos en ocasiones, aunque sea con la mejor de las intenciones.
    Te echaba de menos, recibo feliz tu beso de regreso y paso pronto por tu página.
    Cuídate, corazón.
    Besitos.

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  17. Inti,este relato lo había leído pero en tres partes,me gustó y mucho.
    Sabes darle a tus entradas ese punto de hechizo para engancharnos,al menos a mí.
    Mis besos llenos de cariño para desearte lo mejor hoy mañana y siempre...
    Que la luz te acompañe.
    te abrazo.

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    1. Sí, recuerdo que me comentaste. Lo he traido todo junto por el aniversario de estas fechas, como final.
      Me acuerdo mucho de ti, no hago más que pensar en cómo te encuentras.
      Ojalá mis cariños y el de toda la gente que te quiere sirvan para darte fuerzas.
      Besos.

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  18. Hola Inti; que la magia de la navidad ilumine tu vida, y que el 2013 te traiga felicidad y amor.FELIZ NAVIDAD.Bss

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    1. Mi querida Carmen, una muy Feliz Navidad también para ti y tus seres queridos.
      Amor, paz y salud.
      Besotes con todo mi cariño, seguimos en contacto, espero, estos días.

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  19. …....... /)
    ……... ( , )
    ….….|░░░|
    ……..|░░░|☆ Feliz _()_
    …..@|░░░|¸.¤“˜¨fiesta,.
    .¨˜“¤|░░ഐ¤ª@“˜¨¨y
    …¨˜“გª¤.¸::¸.¤ª☆“˜¨¨
    …¤¸*¸.¤ª“˜@¨¨¨*******.
    **.con todo mi amor .**
    ....Luna....

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    1. Una felicitación maravillosa como una fantasía. Feliz Navidad. Besos con amor.

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  20. Mi querido JM!!!
    Quiero desearte una muy FELIZ NAVIDAD, en compañía de tu familia y amigos, que seas feliz, disfrutando de los buenos momentos,que siempre hay.
    Y que en este Año Nuevo, tengas toda la dicha que mereces tener, por tu corazón, tu buen corazón!!!!
    Reparte tu preciosa sonrisa y la energía de tu presencia!!
    Un enorme abrazo con todo mi cariño!!!!

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    1. Mi querida Estrella, que tú también tengas una maravillosa
      Navidad y que te acompañe el calor de mi cariño estos días. Gracias por estar siempre a mi lado, gracias por tu hermosa amistad y por tu afecto, por todo lo que me hace sentirte tan dentro de mí.
      Besos blancos.

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  21. me gusta cada recodo de tus caminos narrativos (como la foto de arena que ilustra tu texto)

    quizá la historia que más me ha llegado de ti

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    1. Hay historias que cuesta contarlas porque en ellas vives vidas, vives cosas intensas, buenas y malas, que quizás no recuperarás ya jamás.
      Nunca hay que dejar escapar un misterio, nunca olvidarse de la palabra o la mirada que nos ha llegado dentro. A veces hay que salir de la rutina y perseguir algo a lo que nos arrastra la intuición. Merecerá la pena, incluso equivocándonos.
      Besos con mis labios y mi alma.

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  22. Solo decirte IMPRESIONANTE con mayusculas.
    Soy nueva por aqui, me ha gustado mucho, te deseo todo lo mejor este año que comienza.FELIZ NAVIDAD Isabel.

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  23. Isabel, me alegra mucho saber que esta página te ha causado buena impresión. Bienvenida a este mundo de los blogs, elije bien tus compañías y verás como merece la pena, como descubres a gente fantástica.
    Hazme saber si publicas tu propia página para poder leerte.
    Feliz Navidad.

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