Algunas veces el azar sale de caza. Y deja abandonados sus guantes de espinas para rozarte con un dedo níveo. Entonces, comprendes que aquella otra persona no ha aparecido porque sí. Y sientes fiebre. Y deseo. Y ya no quieres que sucedan más cosas sin estar juntos.
Pero ten cuidado cuando te muevas.
Hazlo despacio, muy despacio.
El azar es viejo y sabio y con mucha mala leche.
Le gusta poner espejismos. Ahí, frente a tu calle. Espejismos que saca de tus recuerdos y pinta en otros cuerpos.
Sólo para ver la cara de idiota que pones.
- ¿Dónde vas tan arrebatado, sobrino?
- Me voy, que he quedado.
- Pues yo venía a hacerte una visita antes de ir a echar una partida con Pepe El Viagra.
- ¿Una pardita de Warcraft?
- Nada de esos endemoniados juegos de internet, una partida de mus, como se ha hecho toda la vida. ¿Y tú a quién vas a ver?
- A una chica preciosa que he conocido hace poco.
- Ah. ¿Y tiene nombre esa chica preciosa?
- Qué más te da. Mira qué te gusta cotillear. Bueno, se llama Piluca. Piluca "La retorsía". Es bailaora.
- ¿Bailarina o bailaora?
- Bailaora, bailaora.
- Pero si a ti no te gusta el flamenco.
- El flamenco no, pero la bailaora sí. Tiene un cuerpo espectacular.
- Entiendo.
- Y además, estoy empezando a cogerle gusto al flamenco.
- Me hago cargo.
- Mira, ahí está. Viene ella a recogerme. Es la de ese coche.
Un Mini One redujo con brusquedad de marcha; el motor rugió con estrépito hasta que el vehículo frenó del todo y quedó estacionado en doble fila. Se abrió la puerta y asomaron unas botas de cuero blancas, luego unas piernas bien esculpidas, unos muslos firmes y una falda vaquera. La conductora pareció recoger algo del salpicadero y , por fin, salió afuera. Su rostro era ovalado y de cutis claro; lucía una ondulada melena rubia y sus ojos castaños brillaban con picardía. Hizo una seña con la mano, como invitando a apresurarse.
- Sí que tiene buen cuerpo, sí –exclamó mi tío, que no había perdido detalle de los movimientos de la chica–. Será por el ejercicio, claro. Y qué ojazos. Aunque un poco delgada; para cuerpos, los de las mujeres de mis buenos tiempos.
- Tío, estos son tus tiempos también. ¿O es que no estás vivo? Además, estás hecho un chaval.
- No exageres, no exageres. Aunque te agradezco el cumplido. La guapura de la familia se la llevaba tu madre, que era clavadita a la Garbo, aunque uno…
- Deja a mi madre, haz el favor. Vete a echar la partida con Pepe El Viagra, que te estará esperando. Ya te llamo yo y quedamos para comer este fin de semana.
- Espera un momento, siempre con prisas, que te va a dar algo, hijo. ¿Por qué no me presentas a la moza?
- Qué pesado eres, venga sí, vamos. Te presento, pero hola y adiós, que luego te enrollas y en cuanto me descuido empiezas a contar tus aventuras en Guinea, ¿o era en alguna batalla de la primera guerra mundial?
- No te pases de listo. Quiero echar un vistazo de cerca a esa muchacha, la vista me falla con la distancia. Y luego, si no me equivoco, te daré un consejo. Que no seguirás, claro. Pero te lo voy a dar. Te guste o no.
- Creo que ya la estás liando. Estás haciendo un mundo sólo porque salgo a divertirme un poco. Ves fantasmas donde no los hay.
- No, sobrino, el que ve fantasmas donde no los hay eres tú.
JM y Piluca se habían conocido en El Kraken. Que ella se entregase con pasión al arte del flamenco, no era obstáculo para que entre sus otras aficiones figurasen el reggae y la música house. Aquella velada se proyectaban en las pantallas gigantes del local videoclips del top ten. La chica rasgaba el contraluz de una pantalla con su perfil sinuoso, como una sombra ondulante bajo un cielo desnudo.
JM no necesitó más. Algo en su instinto profundo le impulsó a abordar a la chica. Y pocos minutos después ambos se guiñaban el uno al otro con sonrisas de terciopelo.
La estampa de Piluca no podía alejarse más del estereotipo de la bailaora flamenca. Sin embargo, lo que había de inmediato llamado la atención del tío de JM no tenía nada que ver con eso: era la similitud que los rasgos de la chica guardaban con los de Raquel.
Por desgracia, ahí terminaban todas las semejanzas.
Piluca era de forma evidente más joven de lo que hubiera sido Raquel de estar viva.
En contraste con el carácter cálido, compasivo y noble que tantas veces había oído comentar a JM de Raquel, Piluca se mostraba como la otra cara de la moneda: era engreída, superficial e instalada en la firme creencia de que el mundo, y en particular los hombres, estaban hechos para acompañar el ritmo de sus caderas.
La relación entre Piluca y JM estallaría como el choque entre el pedernal y la pólvora en cuestión de poco tiempo. Mientras tanto, la bailaora se sentía seducida por la compañía de un hombre mayor que ella pero bien parecido, con un físico atlético y tocado por cierto aire de misterio. Además, lo mismo podía llevarla al último local de moda de música techno como a la ópera. Aún recordaba lo que había disfrutado cuando asistieron a la representación de Carmen en el Teatro Real.
Por su parte, JM se hallaba tan encaprichado de ella como un niño de una videoconsola nueva. Su verdadero corazón estaba lejos, muy lejos, y cada día se distanciaba más hacia las corrientes oscuras donde no hay retorno.
- Piluca, te presento a mi tío…
- ¡Qué tal, abuelo!
- Encantado, señorita, ¿cómo está usted? Yo no tengo nietos, ni hijos. JM es toda mi familia y más que un sobrino es como un hijo.
- Ya. Vale, vale. Sí, ya me ha contado “éste”. Cariño –dijo Piluca volviéndose hacia mí y dando de golpe la espalda a mi tío–, ¿nos vamos ya o qué? ¿No me ibas a llevar a ese sitio nuevo?
- Sí, tienes razón. Te lo prometí. Es un sitio curioso –expliqué, girándome a mi vez para aproximarme a mi tío y así intentar que pasara por alto la grosería de la chica–. A ratos ponen música clásica, sobre todo ópera, y a ratos melodías de heavy metal o, mejor dicho, de metal sinfónico. El local se llama Wagner.
- ¡Anda! –terció Piluca interponiéndose entre mi tío y yo–. Ese es el de “El Señor de los Anillos” ….”Mi tesoro” –dijo Piluca imitando al gollum– Jo, qué fuerte.
- Permítame que le saque de su error, señorita –intervino ahora mi tío, desplazándose para mirar de frente a la bailaora. Aquello comenzaba a parecer una danza de salón–. Wagner es un músico germánico que compuso un ciclo de óperas llamadas “El anillo del nibelungo” , cosa que sin duda usted confunde con "El Señor de los anillos" de la novela de Tolkien, o con la película basada en la novela.
- Oiga, abuelo, deje ya de rayarme o ¿es que me está llamando tonta? –le espetó Piluca, que no era lista pero si intuitiva.
- Nada más lejos de mi intención, señorita. Sólo intentaba ilustrar sobre lo que, me temo, es una carencia cultural relevante.
- Pues ilustre usted a su señora y si no tiene, a su gato –replicó Piluca, encendida.
- Mira, tío, si viene por ahí tu amigo Pepe El Viagra –dije, señalando hacia la calle de enfrente en un esfuerzo desesperado para cortar de raíz la bronca.
Piluca siguió mi gesto con la mirada y se fijó en el amigo de mi tío que caminaba despacio pero resuelto hacia nosotros. Se puso los brazos en jarra. Y abrió la boca:
- ¿Pero qué pasa? ¿Es que esperamos un jodido autobús del INSERSO? ¡Pepe El Viagra! Lo que faltaba: un viejo follador.
- ¡Cierra la boca, Piluca! –exclamé indignado–. Esa persona es un buen hombre y amigo de mi familia.
- Señorita, es usted una deslenguada y una insensata –aprovechó para añadir mi tío.
- Y usted, usted –pugnaba Piluca, roja como un tomate, por encontrar el insulto más mortífero.
- Que te calles, nena. Métete en el coche y vámonos. O vete tú sola si quieres.
Piluca se introdujo en el coche y cerró la puerta sin decir palabra. Por fin, sacó la cabeza por la ventanilla y dijo:
- ¿Vienes o qué, JM?
- Te llamo mañana, tío. Y no le des importancia a esto. Ya sabes cómo es la gente joven ahora. No es mala intención, es ignorancia.
- No te preocupes más, sobrino. Ya te daré ese consejo que te he dicho otro día. Ahora, vete ya y pásalo bien.
- ¿Estás bien? ¿Seguro?
- Que sí. Márchate. Adiós.
- Hasta luego, tío. Hasta luego, Pepe.
Pepe El Viagra devolvió el saludo a JM en el momento en que llegaba a la altura de su tío. Piluca metió la primera marcha y pisó a fondo el acelerador. Los neumáticos chirriaron sobre el asfalto y flotó un olor a goma quemada.
- ¿Con quién va tu sobrino? –preguntó Pepe.
- Con el diablo sobre ruedas. No pongas esa cara, Pepe, es una broma. La nueva acompañante de mi sobrino es bailaora.
- Es muy guapa. Me recuerda a alguien…
- A Raquel.
- ¿La Raquel de…?
- Sí. La Raquel de mi sobrino. ¿Recuerdas que JM te enseñó unas fotos en el ordenador un día que te pasaste por su casa?
- Sí, ahora que lo dices me acuerdo bien. Yo no quise decir nada por educación, pero se le notaba obsesionado.
- Mi sobrino es prisionero de sus propias sombras. Las mujeres a las que busca desde que falleció Raquel tienen todas algún parecido con ella. Al menos las que yo conozco o de las que me ha hablado. No se da cuenta de que es una manera de destruirse. Busca el amor y el perdón de un espejismo. ¿Sabes la manía que le ha entrado ahora?
- No sé; por lo que dices, cualquier cosa.
- Pone lo primero que se le ocurre en un papel, luego hace con él una pelota y lo guarda en un cajón. Mira lo último que ha escrito –dijo el tío de JM, sacando un papel arrugado de su bolsillo y desplegándolo con cuidado–: "Ella era una figura sola y oscura. Sólo los animales de la noche la vieron llegar."
- Y eso qué significa.
- No lo sé, Pepe, no lo sé. Quería preguntárselo, pero, ya ves que iba con prisa. Últimamente lo encuentro todavía más raro que de costumbre. Recibe mensajes de una enigmática mujer que siempre firma con un extraño dibujo. Mi sobrino dice que es una mariposa negra.
- ¿Una mariposa negra? Oye, perdona que te lo diga, pero como hay confianza... Para mí que tu sobrino está jamao.
- ¿Jamao?
- Sí, hombre. Que no anda bien de la azotea, ya sabes.
- Quita, quita. De loco no tiene nada. Lo que...
- No si yo quería decir...
- Mira, Pepe, lo que necesita el pobre es enderezar su vida con una buena chica, con alguien que no tenga nada que ver con Raquel ni con la otra.
- Ah, sí, la otra, claro. Tienes razón. No me acordaba. La verdad es que tu sobrino nunca ha tenido suerte con las mujeres. Eso y que las mujeres ya no son como las de antes.
- Yo también suelo decir lo mismo, pero soy consciente de que estoy faltando a la verdad. Y mucho. De hecho, no sé si te he contado algo de las mujeres que mantienen correspondencia con mi sobrino por mediación de la página que tiene en internet. La página se llama "La danza eludible". Un día de estos me tienes que enseñar cómo se pone una página de esas, aunque odie esas máquinas de los cojones.
- Ya aprenderás a manejar los ordenadores y a construir un blog. Te enseño cuando quieras. Pero ahora háblame de esas damas con las que habla tu sobrino.
- Oh, he curioseado un poco, sólo un poco. Pero, Pepe, esas damas son algo serio, créeme, de campeonato. Y saben más que los ratones coloraos. Inteligentes donde las haya. Hay una que...
- Cuenta, cuenta.
El tío de JM y Pepe El Viagra tiraron en dirección Gran Vía abajo. La conversación derivó inevitablemente sobre sus años de juventud y de lo que hubieran sido capaces de hacer ahora.
La luz del atardecer bañaba de velos rojizos las calles que desembocaban en la Plaza de España.
A quinientos quilómetros, una figura alta, delgada, vestida de oscuro, contemplaba el crepúsculo sobre el horizonte del mar. Llevaba puesto un colgante antiguo que reflejaba con tonos sobrenaturales los últimos rayos de sol: una mariposa negra.
Pero ten cuidado cuando te muevas.
Hazlo despacio, muy despacio.
El azar es viejo y sabio y con mucha mala leche.
Le gusta poner espejismos. Ahí, frente a tu calle. Espejismos que saca de tus recuerdos y pinta en otros cuerpos.
Sólo para ver la cara de idiota que pones.
Madrid, antes de la desaparición.
JM estaba a punto de salir del portal cuando casi se dio de bruces con su tío.- ¿Dónde vas tan arrebatado, sobrino?
- Me voy, que he quedado.
- Pues yo venía a hacerte una visita antes de ir a echar una partida con Pepe El Viagra.
- ¿Una pardita de Warcraft?
- Nada de esos endemoniados juegos de internet, una partida de mus, como se ha hecho toda la vida. ¿Y tú a quién vas a ver?
- A una chica preciosa que he conocido hace poco.
- Ah. ¿Y tiene nombre esa chica preciosa?
- Qué más te da. Mira qué te gusta cotillear. Bueno, se llama Piluca. Piluca "La retorsía". Es bailaora.
- ¿Bailarina o bailaora?
- Bailaora, bailaora.
- Pero si a ti no te gusta el flamenco.
- El flamenco no, pero la bailaora sí. Tiene un cuerpo espectacular.
- Entiendo.
- Y además, estoy empezando a cogerle gusto al flamenco.
- Me hago cargo.
- Mira, ahí está. Viene ella a recogerme. Es la de ese coche.
Un Mini One redujo con brusquedad de marcha; el motor rugió con estrépito hasta que el vehículo frenó del todo y quedó estacionado en doble fila. Se abrió la puerta y asomaron unas botas de cuero blancas, luego unas piernas bien esculpidas, unos muslos firmes y una falda vaquera. La conductora pareció recoger algo del salpicadero y , por fin, salió afuera. Su rostro era ovalado y de cutis claro; lucía una ondulada melena rubia y sus ojos castaños brillaban con picardía. Hizo una seña con la mano, como invitando a apresurarse.
- Sí que tiene buen cuerpo, sí –exclamó mi tío, que no había perdido detalle de los movimientos de la chica–. Será por el ejercicio, claro. Y qué ojazos. Aunque un poco delgada; para cuerpos, los de las mujeres de mis buenos tiempos.
- Tío, estos son tus tiempos también. ¿O es que no estás vivo? Además, estás hecho un chaval.
- No exageres, no exageres. Aunque te agradezco el cumplido. La guapura de la familia se la llevaba tu madre, que era clavadita a la Garbo, aunque uno…
- Deja a mi madre, haz el favor. Vete a echar la partida con Pepe El Viagra, que te estará esperando. Ya te llamo yo y quedamos para comer este fin de semana.
- Espera un momento, siempre con prisas, que te va a dar algo, hijo. ¿Por qué no me presentas a la moza?
- Qué pesado eres, venga sí, vamos. Te presento, pero hola y adiós, que luego te enrollas y en cuanto me descuido empiezas a contar tus aventuras en Guinea, ¿o era en alguna batalla de la primera guerra mundial?
- No te pases de listo. Quiero echar un vistazo de cerca a esa muchacha, la vista me falla con la distancia. Y luego, si no me equivoco, te daré un consejo. Que no seguirás, claro. Pero te lo voy a dar. Te guste o no.
- Creo que ya la estás liando. Estás haciendo un mundo sólo porque salgo a divertirme un poco. Ves fantasmas donde no los hay.
- No, sobrino, el que ve fantasmas donde no los hay eres tú.
JM y Piluca se habían conocido en El Kraken. Que ella se entregase con pasión al arte del flamenco, no era obstáculo para que entre sus otras aficiones figurasen el reggae y la música house. Aquella velada se proyectaban en las pantallas gigantes del local videoclips del top ten. La chica rasgaba el contraluz de una pantalla con su perfil sinuoso, como una sombra ondulante bajo un cielo desnudo.
JM no necesitó más. Algo en su instinto profundo le impulsó a abordar a la chica. Y pocos minutos después ambos se guiñaban el uno al otro con sonrisas de terciopelo.
La estampa de Piluca no podía alejarse más del estereotipo de la bailaora flamenca. Sin embargo, lo que había de inmediato llamado la atención del tío de JM no tenía nada que ver con eso: era la similitud que los rasgos de la chica guardaban con los de Raquel.
Por desgracia, ahí terminaban todas las semejanzas.
Piluca era de forma evidente más joven de lo que hubiera sido Raquel de estar viva.
En contraste con el carácter cálido, compasivo y noble que tantas veces había oído comentar a JM de Raquel, Piluca se mostraba como la otra cara de la moneda: era engreída, superficial e instalada en la firme creencia de que el mundo, y en particular los hombres, estaban hechos para acompañar el ritmo de sus caderas.
La relación entre Piluca y JM estallaría como el choque entre el pedernal y la pólvora en cuestión de poco tiempo. Mientras tanto, la bailaora se sentía seducida por la compañía de un hombre mayor que ella pero bien parecido, con un físico atlético y tocado por cierto aire de misterio. Además, lo mismo podía llevarla al último local de moda de música techno como a la ópera. Aún recordaba lo que había disfrutado cuando asistieron a la representación de Carmen en el Teatro Real.
Por su parte, JM se hallaba tan encaprichado de ella como un niño de una videoconsola nueva. Su verdadero corazón estaba lejos, muy lejos, y cada día se distanciaba más hacia las corrientes oscuras donde no hay retorno.
- Piluca, te presento a mi tío…
- ¡Qué tal, abuelo!
- Encantado, señorita, ¿cómo está usted? Yo no tengo nietos, ni hijos. JM es toda mi familia y más que un sobrino es como un hijo.
- Ya. Vale, vale. Sí, ya me ha contado “éste”. Cariño –dijo Piluca volviéndose hacia mí y dando de golpe la espalda a mi tío–, ¿nos vamos ya o qué? ¿No me ibas a llevar a ese sitio nuevo?
- Sí, tienes razón. Te lo prometí. Es un sitio curioso –expliqué, girándome a mi vez para aproximarme a mi tío y así intentar que pasara por alto la grosería de la chica–. A ratos ponen música clásica, sobre todo ópera, y a ratos melodías de heavy metal o, mejor dicho, de metal sinfónico. El local se llama Wagner.
- ¡Anda! –terció Piluca interponiéndose entre mi tío y yo–. Ese es el de “El Señor de los Anillos” ….”Mi tesoro” –dijo Piluca imitando al gollum– Jo, qué fuerte.
- Permítame que le saque de su error, señorita –intervino ahora mi tío, desplazándose para mirar de frente a la bailaora. Aquello comenzaba a parecer una danza de salón–. Wagner es un músico germánico que compuso un ciclo de óperas llamadas “El anillo del nibelungo” , cosa que sin duda usted confunde con "El Señor de los anillos" de la novela de Tolkien, o con la película basada en la novela.
- Oiga, abuelo, deje ya de rayarme o ¿es que me está llamando tonta? –le espetó Piluca, que no era lista pero si intuitiva.
- Nada más lejos de mi intención, señorita. Sólo intentaba ilustrar sobre lo que, me temo, es una carencia cultural relevante.
- Pues ilustre usted a su señora y si no tiene, a su gato –replicó Piluca, encendida.
- Mira, tío, si viene por ahí tu amigo Pepe El Viagra –dije, señalando hacia la calle de enfrente en un esfuerzo desesperado para cortar de raíz la bronca.
Piluca siguió mi gesto con la mirada y se fijó en el amigo de mi tío que caminaba despacio pero resuelto hacia nosotros. Se puso los brazos en jarra. Y abrió la boca:
- ¿Pero qué pasa? ¿Es que esperamos un jodido autobús del INSERSO? ¡Pepe El Viagra! Lo que faltaba: un viejo follador.
- ¡Cierra la boca, Piluca! –exclamé indignado–. Esa persona es un buen hombre y amigo de mi familia.
- Señorita, es usted una deslenguada y una insensata –aprovechó para añadir mi tío.
- Y usted, usted –pugnaba Piluca, roja como un tomate, por encontrar el insulto más mortífero.
- Que te calles, nena. Métete en el coche y vámonos. O vete tú sola si quieres.
Piluca se introdujo en el coche y cerró la puerta sin decir palabra. Por fin, sacó la cabeza por la ventanilla y dijo:
- ¿Vienes o qué, JM?
- Te llamo mañana, tío. Y no le des importancia a esto. Ya sabes cómo es la gente joven ahora. No es mala intención, es ignorancia.
- No te preocupes más, sobrino. Ya te daré ese consejo que te he dicho otro día. Ahora, vete ya y pásalo bien.
- ¿Estás bien? ¿Seguro?
- Que sí. Márchate. Adiós.
- Hasta luego, tío. Hasta luego, Pepe.
Pepe El Viagra devolvió el saludo a JM en el momento en que llegaba a la altura de su tío. Piluca metió la primera marcha y pisó a fondo el acelerador. Los neumáticos chirriaron sobre el asfalto y flotó un olor a goma quemada.
- ¿Con quién va tu sobrino? –preguntó Pepe.
- Con el diablo sobre ruedas. No pongas esa cara, Pepe, es una broma. La nueva acompañante de mi sobrino es bailaora.
- Es muy guapa. Me recuerda a alguien…
- A Raquel.
- ¿La Raquel de…?
- Sí. La Raquel de mi sobrino. ¿Recuerdas que JM te enseñó unas fotos en el ordenador un día que te pasaste por su casa?
- Sí, ahora que lo dices me acuerdo bien. Yo no quise decir nada por educación, pero se le notaba obsesionado.
- Mi sobrino es prisionero de sus propias sombras. Las mujeres a las que busca desde que falleció Raquel tienen todas algún parecido con ella. Al menos las que yo conozco o de las que me ha hablado. No se da cuenta de que es una manera de destruirse. Busca el amor y el perdón de un espejismo. ¿Sabes la manía que le ha entrado ahora?
- No sé; por lo que dices, cualquier cosa.
- Pone lo primero que se le ocurre en un papel, luego hace con él una pelota y lo guarda en un cajón. Mira lo último que ha escrito –dijo el tío de JM, sacando un papel arrugado de su bolsillo y desplegándolo con cuidado–: "Ella era una figura sola y oscura. Sólo los animales de la noche la vieron llegar."
- Y eso qué significa.
- No lo sé, Pepe, no lo sé. Quería preguntárselo, pero, ya ves que iba con prisa. Últimamente lo encuentro todavía más raro que de costumbre. Recibe mensajes de una enigmática mujer que siempre firma con un extraño dibujo. Mi sobrino dice que es una mariposa negra.
- ¿Una mariposa negra? Oye, perdona que te lo diga, pero como hay confianza... Para mí que tu sobrino está jamao.
- ¿Jamao?
- Sí, hombre. Que no anda bien de la azotea, ya sabes.
- Quita, quita. De loco no tiene nada. Lo que...
- No si yo quería decir...
- Mira, Pepe, lo que necesita el pobre es enderezar su vida con una buena chica, con alguien que no tenga nada que ver con Raquel ni con la otra.
- Ah, sí, la otra, claro. Tienes razón. No me acordaba. La verdad es que tu sobrino nunca ha tenido suerte con las mujeres. Eso y que las mujeres ya no son como las de antes.
- Yo también suelo decir lo mismo, pero soy consciente de que estoy faltando a la verdad. Y mucho. De hecho, no sé si te he contado algo de las mujeres que mantienen correspondencia con mi sobrino por mediación de la página que tiene en internet. La página se llama "La danza eludible". Un día de estos me tienes que enseñar cómo se pone una página de esas, aunque odie esas máquinas de los cojones.
- Ya aprenderás a manejar los ordenadores y a construir un blog. Te enseño cuando quieras. Pero ahora háblame de esas damas con las que habla tu sobrino.
- Oh, he curioseado un poco, sólo un poco. Pero, Pepe, esas damas son algo serio, créeme, de campeonato. Y saben más que los ratones coloraos. Inteligentes donde las haya. Hay una que...
- Cuenta, cuenta.
El tío de JM y Pepe El Viagra tiraron en dirección Gran Vía abajo. La conversación derivó inevitablemente sobre sus años de juventud y de lo que hubieran sido capaces de hacer ahora.
La luz del atardecer bañaba de velos rojizos las calles que desembocaban en la Plaza de España.
A quinientos quilómetros, una figura alta, delgada, vestida de oscuro, contemplaba el crepúsculo sobre el horizonte del mar. Llevaba puesto un colgante antiguo que reflejaba con tonos sobrenaturales los últimos rayos de sol: una mariposa negra.
Escrito en La Manga un domingo de Junio por el Intimista Secreto.
Escuchando Stereo Love
http://www.youtube.com/watch?v=3d6_5n6u2e4&feature=related
Imagen:
Image Title: The dancer
Artist Name: Jinwoo Lee
Web: http://jjcoolio.cgsociety.org/gallery/










