domingo, 20 de febrero de 2011

TENEBRATA


Secretas voces nos contarán
lo que fuimos en la memoria inadvertida
de hondos soportales que nunca tocamos.

Puedo amarte
en las noches de donde provienes
como un golpe de mar anónimo
que llega hasta mi lecho para sellar mis culpas.

Un día despertaré sintiendo tu mirada
de luz pequeña llameando contra la luna
y podré explicarte los sueños sombríos
que soportan mis  párpados en trance.

Alma de fiebre, mariposa extraña
de este horizonte viejo como las ventanas
donde las olas de sangre oscura pasan.

Sed en silencio,
cuerpo con el que grito arpas hirviendo
hasta que el nombre que oficio
como una reliquia fría y blanca
no salga ya de mi boca
y todo aquello a lo que llamé amor
caiga sin tiempo en sus tinieblas.





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domingo, 13 de febrero de 2011

OLVIDADA DIOSA OLVIDO


En los días
vacíos del espejo
buscaba unos ojos entre la gente
tan perdidos como los míos.

Nadie llama a la memoria
con el mismo tacto que tu sombra,
con el abrazo en espiral  del fuego entre dos mundos.

Solo en la oscuridad de la inconsciencia puede vivir este amor.
No quiero despertar,
no quiero saber  que nuestro tiempo está apagado,
ganado por el viento y el hielo del amanecer.

Perdurarás en la noche dentro de mí
mientras no abra los ojos,
mientras no pise la luz.
No sangres más, amor, las orillas
de tu cuerpo se encienden y se alejan
y  el brillo azul de tu mirada vuelve a su postura
debajo de la arena sin límites.


domingo, 6 de febrero de 2011

DEJA VU (II)


Mientras esperaba a Yolanda en el umbral del Kraken, la débil llovizna había cesado y ahora una niebla pegajosa humeaba intentando infiltrarse en el interior. Dentro, el calor se había hecho casi insoportable y sentía la necesidad de que el aire fresco me diera en la cara. Pero era la humedad lo que recorría mi rostro como los labios grisáceos de un cadáver. El eco de la música se filtraba con tonos sordos hasta el lugar donde me había situado tras la puerta. De improviso, el sonido retumbante decreció para dar inicio al ronroneo sensual de una suave melodía. Una canción  que conocía bien, muy bien; un resonancia que me visitaba noche tras noche en mis sueños desde las frías raíces del mundo de los muertos: "Is it love?"

"Is it love?" , "¿Es amor?", una versión de la cantante paquistaní Nadia Ali que le encantaba a Rachel. Durante la temporada que estuvo conmigo en Madrid ─pasando su último permiso antes de volver a Afganistán─, solíamos venir al Kraken cada día. Y acostumbraba a pedir a Héctor  ─mi amigo, el DJ─ que pinchara la canción.  Héctor se resistía siempre, ya que cortaba lo que él llamaba sus cadenas de percusión, pero al final  terminaba por ablandarse y cedía a los deseos de Rachel.


"I never knew a love
A love that could be sweeter"

"Nunca conocí a un amor
Un amor que pudiera  ser más dulce"

Abrí la puerta del local y volví a enfilar hacia el interior. Sí, con total certeza, era "Is it love". Hacía años que Héctor no pinchaba esa canción: le había amenazado con meterle los pies en cemento y arrojarlo al pantano de Entrepeñas si se atrevía. O algo por el estilo.


 De forma irresistible, la música agolpó los recuerdos de las buenas horas  que había pasado con Rachel en el Kraken. Su sonrisa de niña traviesa, su mirada limpia y brillante, su cabello castaño ondeando mientras danzábamos uno frente a otro y nos reíamos creyendo que el mundo podía pararse para nosotros, que compartiríamos el futuro hasta hacernos muy viejos. 


En medio de la noche, lo real se convirtió en un mundo del pasado. Una sensación de Déjà Vu que se manifestaba en forma de recuerdos circulares batiendo contra las paredes del Kraken, como si  la niebla  hubiera traspasado la puerta y serpenteara furiosa en el interior. 


-    ¿Nos vamos? ─preguntó de repente Yolanda con tono animado mientras me tomaba del brazo
-    ¿Cómo dices? ─mi voz apenas salía de la garganta.
-    ¿Vamos al Luna Morena, ese que has dicho antes, o prefieres ir a otro sitio?
-    Verás... Yolanda. No sé cómo explicártelo, de repente necesito estar solo.
-    Tienes mala cara, ¿te pasa algo?, ¿te encuentras mal?
-    Sí, eso, debe de ser la cena... No, no te estoy diciendo la verdad −rectifiqué−. No sé qué me ocurre. Necesito irme a dormir.
-    No te preocupes.
-    ¿En serio?
-    Puedes creerlo.
-    Gracias, Yolanda. Nos vemos otro día aquí. Seguro. Anda, dame un beso.

Yolanda deslizó sus labios rozando mi mejilla hasta posarlos sobre mi oído. Entonces, me susurró con absoluta claridad:

"Eres- un- gilipollas".
Y se dio la vuelta para unirse de nuevo a su grupo de amigos.

Me aferré al barandal de bronce que adornaba la entrada del local hasta que los nudillos se pusieron blancos. Respiré hondo y cerré los ojos. El vaho de una oscuridad invasora nubló mi mente y estuve a punto de caer al suelo. 


“Lo siento” –oí murmurar a mi espalda. 


Inmediatamente, abrí los ojos y me giré, pensando que Yolanda había regresado. Pero nadie estaba detrás de mí. La puerta del Kraken, medio abierta, permitía que se asomara una lengua de niebla. Y, durante unos segundos, en el olor a humedad que había entrado con la niebla se percibió un perfume a violetas.


Poco a poco fui recobrando mi energía, noté que mi corazón bombeaba adrenalina y me dirigí a la cabina del DJ dispuesto a descargar allí toda la furia.


-    ¡Héctooor! –grité con todas mis fuerzas, apoyándome en el borde de la consola del DJ.
-    Hola, JM, qué tal, tronco. Vaya rollete que te has apañao con la chorba rubia.
-    Me caguén todo lo que se mueve, Héctor. No me toques los cojones. ¿Quién te ha mandado poner esa canción y en el momento más inoportuno? –vociferé como un loco.
-    ¿Qué canción? Ah, “Is it Love”. La que le gustaba tanto a tu chavala canadiense.
-    Se llamaba Rachel, malnacido, y te voy a sacar las tripas. Contéstame, ¿por qué has puesto la jodida canción?
-    Joder, tronco, no te rayes. ¿Es que se te ha ido la pinza? Me la ha pedido una tía, que estaba muy buena, by the way.
-    ¿Cómo era? ¿Qué aspecto tenía?
-    ¿En qué estás pensando? ¿En que era el fantasma de tu Raquel? Tío, tú estás enfermo, mira lo que te digo, tienes que tomar Prozac o alguna mierda de esas para calmarte. Vale –continuó antes de que volviera a insistir−. Era una mujer, no una cría,  no una de esas yogurinas que vienen por aquí, ¿me pillas?
-    Te pillo. Sigue.
-    Guapa la tía, vestida de negro, rubia natural, pinta de nórdica,  no sé, extranjera, seguro, aunque  hablaba español de puta madre. Y más rara que un erizo sin púas.
-    ¿Rara? ¿Por qué?
-    Sus ojos… Me miraban de una forma… como si me retorcieran los huevos. Tío, tú  acojonas cuando te cabreas, pero esa chorba… ¡Cualquiera le llevaba la contraria…! 


Fui a abrir la boca para decirle a Héctor que ahora sí que se iba a enterar de lo que era verme cabreado, pero me fijé en su mirada perdida, estresada, cándida. Héctor era uno de tantos jóvenes de hoy día que eran buenos chicos, inteligentes, pero vagos; acostumbrados a una generación de bienestar, no tenían la más mínima gana de de proseguir sus estudios o de intentar trabajar. Vagaban como frikis de cualquier limbo ilusorio. Por fortuna Héctor no era un friki más. Su pasión era la música disco y tenía buenas dotes como DJ. Con el nombre de DJ Kalimocho, se había abierto camino en Ibiza durante el verano y en invierno pinchaba en el Kraken. No iba a conseguir nada desatando mi ira contra él. De hecho, es posible que tuviera razón y yo no fuera más que un enfermo, que mi cabeza necesitase un nuevo amueblamiento de manera urgente.

-    Entiendo –dije, conciliador, aunque no entendía nada−.Perdona, Héctor, creo que me he pasado un  poco.
-    Tranqui, tío. Ya conozco tus prontos. ¿Quieres un chupito de vodka?
-    No. Mejor me voy a casa.
-    Mejor, sí.
-    Sí.
-    JM.
-    ¿Qué?
-    Nada, colega, que tengas cuidado con esa tía.
-    ¿Por qué he de tener cuidado?
-    No sé, algo busca de ti. El otro día estuvo hablando con Cristina y le preguntó cosas de ti.
-    ¿Qué cosas?
-    Nada, creo que tonterías. Como si pretendiera ligar contigo, pero me da que no es de esas. Habla con Cristina, si quieres.
-    Hablaré otro día. Hoy estoy ya hecho un lío. Me voy. Joder, con la nochecita.
-    Nos vemos, colega.


En la calle, la niebla se había levantado y caía una lluvia oscura. El tráfico estaba en el punto álgido de la madrugada de un sábado. No había venido en coche: nunca lo hacía si pensaba tomarme una copa, así que comencé a caminar en busca de un taxi.  Tuve suerte, y al cabo de cinco minutos conseguí parar uno.


-    Buenas noches –saludé, entrando en el taxi.
-    Buenas noches −contestó el taxista− ¿Dónde vamos?
-    A la calle…−me interrumpí y proseguí con un murmullo casi inaudible−. No, a casa no. Tengo un presentimiento.
-    No le entendí. ¿Qué ha dicho?
-    ¿Sabe dónde está el Luna Morena?
-    ¿El de la calle Marqués de la Ensenada?
-    Exacto. Vamos allí.
-    Vamos –secundó el taxista arrancando el vehículo

.
Nos dirigimos desde el norte al centro de la ciudad. Las luces del alumbrado urbano se me antojaban más débiles que nunca y las calles que recorríamos trasportaron mi imaginación a una escena de la película Blade Runner.


Dejé mi mente en vacío, intentando que me abandonara el martilleo de la canción que me había colocado fuera de sí. Tratando de que todos los recuerdos teñidos de rojo y oscuro se hundieran en los estratos más profundos de mi cerebro. 


Pero, sin saber por qué, en ese cielo desierto de pensamientos, recordé dos versos de Paul Bowles:


“El mundo arde con palabras. Perdóname.
Te quiero, pero no debo pensar en ti.”






En La Manga ha anochecido hace un rato. La taza con Imperial tea está todavía a medias. Me gusta la compañía de las velas encendidas.

IS IT LOVE? - NADIA ALI

sábado, 29 de enero de 2011

DEJA VU (1ª PARTE)


Fuera caía agua nieve en la oscuridad amarillenta de las calles. Dentro del Kraken Bar la temperatura era agradable y sonaba una canción de Shakira: "Loca". 

"Yo soy loca con mi tigre
Loca, Loca, Loca."


El ambiente era festivo y alocado, de sábado a primeros de mes. Pero, apoyado en una columna, con un vaso de Moskovskaya en la mano, yo estaba lejos de sentirme bien. Alguno de los responsables del local había tenido la brillante idea de decorar las paredes, de tonos caoba, con dibujos de mariposas negras. Aquellas figuras contribuían a aumentar mi desasosiego sin que tuviera ninguna justificación racional.  Hice un esfuerzo y me negué a permitir que unas cuantos adornitos me causaran malestar y me dijeran “go home, JM”. Fijé la mirada en objetos conocidos: en las pequeñas mesas redondas, en las velas púrpuras y blancas, en la minifalda de Cristina ─la camarera más veterana─; todas esos pequeños detalles que  convertían al Kraken en un lugar donde me encontraba tan a gusto como en el salón de mi casa. Es un decir.


-    Oye, perdona.


Me giré hacia el lugar de donde provenía la voz, preguntándome aún si antes de salir de casa había dejado bien guardados en un cajón mis recuerdos oscuros. Tomé conciencia de que en ese momento estaba sonando  el ritmo electrónico fuerte y envolvente de Alan Masters y de que una atractiva mujer se hallaba plantada a mi lado. Justo en ese orden.


La mujer sonrió y puso cara de esperar una respuesta con paciencia, como quien se dirige a un niño no muy espabilado.


-    Sí, dime –respondí por fin, saltando de mi aturdimiento.
-    ¿Te importaría si me hago una foto contigo? 


La mujer andaría por los treinta y mucho pico de años. Tenía unos bonitos ojos que chispeaban con las luces giratorias del Kraken. Llevaba un vestido claro, ajustado y corto, que se adaptaba bien y sacaba partido a su anatomía. El escote era, alabado sea el Señor, generoso, y el espacio entre la falda y  las botas de cuero por encima de las rodillas permitía contemplar unos muslos que eran merecedores de un examen más detenido. Parecía simpática y de su mano colgaba una pequeña máquina de fotos.


-    Creo que te has confundido de persona, yo no salgo en el programa de Gran Hermano ni nada por el estilo.
-    No me he confundido. Tú eres la persona con más cara de aburrido de todo el bar.
-    No me digas.
-    Sí. ¿Te aburres?
-    No, no. Vengo aquí a pasar el rato, a desconectar un poco, nada.
-    Desconectar, ya. A todos nos viene bien desconectar. ¿Cómo te llamas?
-    JM
-    ¿Cómo dices?
-    JM.
-     Ah, yo me llamo Yolanda.
-    Bonito nombre –dije, al tiempo que acompañábamos la presentación con un par de recíprocos besos en las mejillas.

Entonces recordé. Nada más entrar en el local, me había fijado en ella, en su falda corta y estrecha, en sus botas altas y en el movimiento insinuante de sus caderas mientras bailaba en la pista. Iba acompañada de cuatro o cinco mujeres más de distintas edades y de otros tantos hombres. “Seguramente una salida para celebrar algo” –reflexioné.


-    ¿Bueno, nos hacemos la foto o qué?
-    Vale, ¿pero quién maneja la máquina? ¿Has venido sola? ─pregunté para sondear la situación.
-    No. Estoy con un grupo de compañeros del trabajo. Nos hemos reunido aquí para celebrar el cumpleaños de una amiga.


Yolanda levantó la mano, hizo una seña al grupo que estaba bailando y enseguida se acercó una chica. Tomó la máquina de fotos y nos indicó que nos juntáramos.  Obediente, pasé un brazo por los hombros de Yolanda y ella me respondió pasando su brazo por mi cintura. Tan normal. Con ese gesto, ella me había introducido en el grupo.  Aposté a que ya tenía asegurado la compañía. Y algo más, a poco que me esforzara. “A piece of cake”, "pan comido".


Me sumé al grupo cumpleañero y me dejé contagiar por sus ganas de bailar y de reír, no importa lo que sonara, no importa de qué se riera uno.


Una chica del grupo, morenita y menuda, probablemente la festejada, pidió chupitos de tequila para todos. Yolanda me acercó el pequeño vaso y un trocito de limón. Cogió un salero, se echó sal en el dorso de la mano y con un ademán me animó a lamer la sal. Pasé la lengua por la piel de su mano sin apartar mis ojos de los de ella, tomé el tequila de un sorbo y le pegué un mordisco al trozo de limón. 


Justo el tipo de juegos que me pone como una moto.


Pasamos otro buen rato con el mismo tipo de jugueteos con doble sentido. Sin necesidad de rompernos la garganta contándonos historias por encima del volumen de la música, nos estábamos diciendo con el lenguaje de nuestros cuerpos que podíamos irnos juntos a la cama. Siempre he creído que los bares de copas no son los mejores lugares para organizar tertulias.


La música ese día no acompañaba mucho, DJ Kalimocho ─mi amigo Héctor, el DJ del Kraken─, estaba pinchando una sucesión de vinilos de música minimal que para nada contribuían al acercamiento físico.


-    Le voy a pegar un tiro a ese DJ ─dijo Yolanda, poniendo la mano de forma que simulaba una pistola y apuntando al infortunado Héctor.
-    La verdad es que el DJ es bueno –aseguré, defendiendo a mi amigo─, pero hay veces en que se pasa tres pueblos con lo  último en música electrónica.
-    Pues podía ponerlo en su casa. Esto no hay quien lo baile ─sentenció, cesando en su intento de pillarle el paso a las cadencias del minimal.
-    Si quieres podemos cambiar de sitio ─propuse, viendo la oportunidad de de separar a Yolanda del grupo─.  Les podemos decir a tus amigos dónde estamos y que se reúnan con nosotros más tarde. Conozco un nuevo local con una música fantástica para bailar sin que se le disloquen a uno las articulaciones.
-    ¿Cómo se llama ese sitio?
-     Luna Morena.
-    No he estado allí. ¿Y si es un petardo?
-    ¿Qué pasa, no te fías de mi?
-    ¿Debería?
-    Deberías. Si el ambiente del Luna está chungo, podemos ir a mi casa, allí sí que te puedo asegurar que hay buena música.


Yolanda me miró durante unos instantes, y me tocó en el pecho con el cuello de la botella de Coronita que tenía en la mano.


-    Ja ─profirió Yolanda.
-  ¿Qué significa "ja"? ¿Que nos vamos o no?
-    Significa que pareces más tímido de lo que eres. Eres un poco buitre.
-    ¿Por qué? Estaba bromeando ─me apresuré a decir, pensando que había ido demasiado aprisa─. Vamos al Luna Morena y después ya veremos, podemos ir a tomar chocolate con churros.
-    Me fiaré de ti. Tienes cara de buena persona. Aunque apostaría a que has estado metido en algunos líos.
-    Venga, apaga la bola de cristal. Soy un buen tío. Punto. Mejor dicho, punto y parte: nos largamos.
-    Un momento, voy a decirle a mis compañeros que nos vamos. ¿En qué calle está ese local?
-    En Marqués de la Ensenada. Si cogen un posavasos del Kraken, está la dirección del sitio, los dos locales son del mismo dueño.
-    Vale. Voy a despedirme y a coger mi abrigo.
-    Bien. Te espero fuera, en la puerta.


Yolanda apuró de un golpe el resto de cerveza que le quedaba, dejó la botella en la barra y se marchó hacia donde estaban bailando sus amigos.






ALAN MASTER T - TAKING THE WAY (OFFICIAL VIDEO)
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sábado, 22 de enero de 2011

RENAISSANCE



No hay falta de iluminación dentro del restaurante Bonsoir Clara de Bruselas, pero las pupilas de JM están dilatadas como ventanales que asomasen a otros mundos invisibles para el resto del público. Hace dos días que finalizaron sus reuniones en el Cuartel General de la OTAN pero todavía permanece en Bélgica. Ahora, sentado en la mesa más apartada del restaurante y con las manos descansando a ambos lados de un plato de cous cous,  que no ha tocado, su aspecto es el de una persona que ha abandonado su cuerpo para dar un paseo por lugares donde cualquier referencia física carece de sentido.

Algo, alguien, le llama con una voz que no se transmite por el aire. Primero, escucha como el batir de las alas de un millón de insectos, ese es el comienzo de la anomalía; y después, la voz, extraña pero no desconocida. No es la voz de Raquel, no son sus palabras levantándose desde las arenas de los recuerdos. El sonido de esa voz en su mente evoca sensaciones de ternura y de paz;  presagia una forma de amar arcana, iniciática; pero también le empapa con la ceguera de una húmeda oscuridad.


En esa oscuridad, sus pensamientos le trasladan al día anterior, cuando descubrió a una enigmática mujer en la basílica de la Santa Sangre, en Brujas, a solo una hora de viaje desde Bruselas. Arrodillada en un reclinatorio,  vestía una larga capa de seda azul oscuro rematada con una capucha que escondía sus facciones; se hubiera dicho que se trataba del fantasma de una aristocrática dama del  Renacimiento. En aquel instante, un irrefrenable impulso se apoderó de él: deseaba contemplar con todas sus fuerzas su rostro. Sin reparar en lo precipitado de su conducta, se aproximó a la mujer encapuchada; sentía el calor de su mirada oculta, la proximidad de su piel que adivinaba como un tacto íntimo que hubiese olvidado. Mezclada con el olor a cera de las velas, flotaba bajo las bóvedas de la basílica una débil fragancia a violetas. 


A un paso de su presencia, ella inclinó un poco más la cabeza y alargó una mano; una mano pálida con los dedos cerrados y con un  anillo en uno de ellos. Y en el anillo, un emblema que tomaba la forma de una mariposa negra. El gesto detuvo a JM en seco, con el efecto de retornarle al espesor de la realidad. Sin embargo, la acción de la mujer no pretendía rechazarle sino que colocó la mano hacia arriba y abrió los dedos: sobre la palma sostenía un pequeño objeto circular, una moneda antigua, en realidad.


La mano abierta se mantuvo extendida, aguardando. 


JM, tomó finalmente el objeto con la punta de los dedos, como si temiera que el contacto con la piel de la otra mano lo abrasara.


Fue a decir algo, pero en ese instante, en medio de aquella insólita situación, sonó el teléfono móvil.


“¡Máldita sea!” –profirió JM.


Se dirigió hacia la protección de una esquina, buscó el teléfono en el bolsillo y de inmediato accionó el botón de interrupción de la llamada. Miró el remitente de la llamada en la pantalla y observó que correspondía a “Tío”. 


“¿Qué cojones querrá mi tío para llamarme en este preciso momento?” –se preguntó, irritado.


Cuando volvió a mirar hacia el sitio donde se encontraba la mujer, lo encontró vacío.


Desaparecida.


De regreso a Bruselas, localizó a un numismático, quien le dijo que con total seguridad la moneda era un fiorino d'oro, un florín de oro medieval con el escudo de los Medici. Un tesoro. Y totalmente auténtico.


Esa no era la única reflexión que abstraía ahora a JM, sentado en la mesa de Bonsoire Clara, y le confería el aspecto de estar contemplando alucinaciones.


También meditaba sobre lo que le había dicho su tío cuando le devolvió la llamada más tarde en Brujas: no esperaba que durase tanto su viaje; tenía que contarle que el fin de semana pasado una mujer había entrado en su apartamento, la mujer con quien se escribía correos electrónicos de tarde en tarde. 


La mujer de la mariposa negra. 



'In the Dark' JoJo Official Video

miércoles, 12 de enero de 2011

SUEÑO CON UNA LUZ DE HIELO


Sueño con una luz de hielo
donde tu rostro se ha convertido en un misterio
rodeado de desiertos blancos,
en la hondura más profunda que humea la ausencia.

Te quiero,
pero tus oídos sólo escuchan a las criaturas de la niebla
y  mis palabras quedan apresadas en los túneles
donde las almas son pesadas.

La visión de todo lo que no vivimos
flota en el espacio de mi cuarto
y pavimenta el aire con plumas de cuervo.
Sobre el lecho, mis sentidos brillan como cristales
sometidos a gestos que se fugaron hace tiempo
contigo.

Te quiero,
pero mis voces son cantos extraños
donde habitas.





Isabelle Boulay - Parle-Moi (HD)
Cargado por wonderful-life1989. - Ver los videos de música recién destacados.

miércoles, 5 de enero de 2011

SANDBOX


Mis ojos sobre los recuerdos contemplan rostros que no existen, y mis dedos  tocan un vacío que duele como hielo.
Esa era mi rutina de todos los días: hundir mis pensamientos en caminos oscuros. Mis secretos se transformaron en palabras arrugadas hasta el día en que alguien me dijo: "Escribe, escribe, o estás muerto, muerto en tus caminos oscuros donde nadie se detendrá  para mirarte."


- No quiero que me mire nadie. No quiero hablar con nadie. Excepto contigo.
- Porque sabes que nunca te pediré nada  ─explicó con cansancio la voz desde el otro lado del mar─. Pero yo me alejaré de ti tarde o temprano y entonces sí que estarás solo.
- No me dejes ─supliqué.
- Ámame.
- No puedo amarte.
- Entonces, adiós.
- Espera, ¿cómo puedo sacar la sal negra de mis sueños,  cómo puedo poner bajo la luz los sentimientos encerrados en una tumba?
- Construye una caja de arena.


Sandbox  ─"caja de arena", en inglés─ puede significar:
- Un entorno virtual creado por el ordenador que permite ensayar  el software que se desee sin riesgo de dañar al sistema real.
- Una técnica psicológica para aflorar mundos internos. En una caja que contiene arena seca, el individuo da libertad a su imaginación creando diversas formas.


Sandbox

 
En un blog, cada cual puede construir su propia caja de arena  y moldear formas con palabras; moldear sentimientos, opiniones, lamentos, fantasías, ficciones. Habrá quien ponga vestido de limpio a ciertos personajes de la vida pública. Habrá quién escriba sus relatos de ficción en los que puede a su vez vivir todos los  mundos posibles. Habrá quien hable de amor, de un amor inaccesible o de un amor traicionero. Y quien vierta en el papel electrónico todas las ensoñaciones húmedas que no aparenta desear en la vida real.


Pero todo en un entorno seguro. O casi.


Muchos, la mayoría, son sinceros. Hablan de lo que realmente sienten. Y se permiten amplificar emociones de simpatía, de afecto, de deseo, entre unos y otros. Cosa que en el mundo de a pie ni de lejos se atreverían.
Es una población anónima, donde en lugar de nombres hay apodos, donde en lugar de personas hay avatares, donde a veces incluso se sospecha que al final del final no haya nadie.


Sandbox

 
En la playa, hay atardeceres extraños durante el invierno. Hay ocasiones en que parece que la luz agónica no va  a ceder nunca a la oscuridad. La niebla espera en el horizonte, los grumos grises se confunden con islas que nunca han existido. Sentado frente al ordenador, levanto ambas manos y me froto las sienes, como si con ese acto reflejo se disolvieran los fantasmas que, al igual que la niebla, aguardan su regreso en el horizonte. 

El Windows Media Player reproduce un tema de DJ Tiesto con Nelly Furtado:
"Who wants to be alone"
Sí. ¿Quién quiere estar solo?


"...con esta luna en el cielo
¿quién quiere estar solo?"


Vence la oscuridad y entra en la habitación, entra en todo, empujando con sus labios hinchados.
Pero también se infiltra un olor a violetas. Y sonrío. Seguiré escribiendo.


Sandbox


A veces, en la "caja de arena" sucede lo inesperado y una silueta en toda esta maquinaria del mundo virtual  resulta ser tu molde transparente. Bingo. Has encontrado tu amor, tu alma gemela. No os riais. Un amigo de un amigo de un amigo me juró que había conocido un caso.
Me quedo con los versos de Rilke, con el universo de la poesía donde manejo mis sueños a mi antojo:
"Y de tarde en tarde,
un elefante blanco"


De tarde, en tarde, encuentras lo que has buscado, ciego, desesperado.
 O lo que has perdido.


"Todo vuelve. Con distintas formas. Todo regresa" ─me dijo en Afganistán un mullah, un hombre santo, a quién había salvado el pellejo.


No sé si hay elefantes blancos, no sé si algo vuelve o no vuelve nada, si somos un segundo en el crepúsculo, en la memoria única "pour la fin du temps".
Pero en mi Sandbox puedo hacer que el tiempo sea una mancha en la pared, que el silencio sea un perfume frío. Puedo decirte que te quiero con una voz distinta cada día.


Sandbox
La Manga, al anochecer,  5 de Enero de 2011. Suena buena música house de DJ Tiesto, uno de los mejores del mundo. La taza con té turco de manzana está ya vacía.






Tiësto feat. Nelly Furtado - Who Wants To Be Alone
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