De noche las palabras se hacinan
En los estantes fríos de una ciénaga.
Hay nombres sin rostro y letreros
De tinta roja, himnos y verbos, lugares
Pequeños como moscas en la memoria.
Todos cuentan historias de los vientos en que han viajado,
De los hombros desnudos en que se han posado,
De las habitaciones que crearon con telarañas de sílabas,
De las hogueras que avivaron con sus mareas secretas.
Mi cama se llena de hojas maravillosas.
La mujer de seda,
La mujer de sombras hechas de mariposas negras
Llega y apaga la luz de todos mis recuerdos,
Su cuerpo se extiende con un un manto de terciopelo oscuro,
Sus dedos son blancos como el vapor pero sólidos,
Flexibles como juncos,
Y se deslizan mientras sueltan palabras
Escucho
La voz de sus dedos mientras siembra mis sueños
Hasta que embiste la madrugada,
Inmensa como un glaciar entrando por la ventana.
Mis labios están llenos de olas.
Deshago estrellas, collares de tizas brillantes
Que han atado nuestras bocas.
Detrás, la desesperación retorna
Silenciosamente,
Como un reloj parado.
Vuelvo a ser el hombre
Que no soy yo