martes, 29 de diciembre de 2015

Love is gone, love is back (y yo en un antro de la costa)



La camarera del Crazy Raven Bar, que por lo visto no tiene nada mejor que hacer, me mira de reojo y seguro que piensa que estoy intentando acostarme con la rumana. He ido y he vuelto de estas situaciones en un pasado que recuerdo como vivido por una persona completamente diferente. Y quizás sea así. Lo único que permanece siempre con nosotros son los recuerdos y hasta ellos se vuelven infieles, o los volvemos infieles, y terminan por borrar la frágil línea que los separa de los sueños.

El rostro de la rumana es extraño, se diría que aglutina las facciones de por lo menos dos o tres razas, algo de caucásico, algo de asiático, algo de árabe. Y una pizca de no sabría decir qué, tal vez de una raza de la que ya no quedan vestigios. Pero, a ver si me explico, no es que su rostro sea como una pizza cuatro estaciones, la mezcla es hasta cierto punto armónica, no es que la dote de unas facciones bellas en términos estándar pero sí de un misterioso atractivo. O así me lo ha parecido siempre, en particular con uno dos  Stolíchnaya en el cuerpo.


Es poco habladora, pero a veces lanza parrafadas en las que mezcla palabras en su idioma nativo y de tarde en tarde, cuando me juzga más indefenso, me sorprende con algún consejo tan bueno como el que podría haberme dado mi abuela.  


Irina −ese es su nombre−, toma también vodka, pero con naranja. Yo invito y tal vez por eso esta noche está incluso locuaz.


   - ¿Entonces qué vas a hacer esta Nochevieja? ¿Vuelves a Madrid o te quedas por aquí? – me pregunta Irina repasándome con su mirada, brillante aún con la escasa iluminación del local.
   - Supongo que me quedo por aquí, no tengo muchas ganas de jaleo.
   - Pero esto, ya sabes, está desierto fuera de la temporada de turistas.
   - Pues precisamente por eso.


Cualquier otra persona, aunque hubiera sido solo por aparentar empatía o buenos modales, hubiese dicho algo como “La vida es corta y hay que aprovechar todos los momentos” o “No se debe de quedar uno solo en estas fiestas” o cosas parecidas. Pero Irina no era cualquier otra persona.


   - Haces bien. Para lo que hay que encontrar. Y encima con lo raro que te has vuelto.
   - Quién fue hablar. ¿Y tú que vas a hacer, Irina? ¿No te vas unos días a tu país?
   - Tampoco creas que tengo nada allí. No sé, lo mismo me voy a Alicante con unas amigas que trabajan en la playa de San Juan. Pero si no me voy, si quieres podemos salir juntos y tomarnos algo, aunque sea aquí en el Crazy Raven.
   - No sé, que luego me acabo arrepintiendo.
   - Oye, que no pasa nada. Si yo lo digo por ti.
   - Dijo el gato al ratón.
   - ¿Pero qué gato?
   - Nada, olvídalo.


Bien mirado, tampoco era la peor idea del mundo. Bailar en un antro perdido en la costa el día de Nochevieja con una rumana que, además de danzar como los ángeles, tenía un cuerpazo de campeonato, podía ser cualquier cosa menos aburrido.


Cuando estábamos tirados en los barrancos de Afganistán soñaba con cosas como esta. Allí todo era más simple: comer, dormir, sobrevivir. Era, en cierto modo, regresar a lo básico, a lo primitivo. Aquí, ahora, en el mundo real, los partidos políticos, después del 20 D, echan cuentas y barajan con qué otros partidos, congenien o no, podrían acostarse para seguir chupando del bote. Aquí y ahora, en mi mundo y con la rumana enfrente, aquello es algo que me la pela por completo.


La camarera del Raven Crazy hace sonar una bachata de moda que se llama Propuesta indecente:
“Si te invito una copa y me acerco a tu boca…”


Irina vuelve a clavarme su mirada felina como si ocultase un secreto que yo ardiera por conocer.
Sigo escuchando la bachata:
“Una aventura es más divertido si huele a peligro…”


Le devuelvo la mirada a Irina, que aún espera una respuesta sobre lo de Nochevieja. Ya he tomado una decisión.



sábado, 12 de diciembre de 2015

LA RUTA



El amor no existe
Excepto donde una cabellera ondea
En el aire oscuro
Se podría decir que brotan
Venas quemadas

Ella es la suma de todas las sombras que busco
Y la luz donde me desnudo
Ella es todo
El universo que succiona mi cuerpo y mis sueños
Aunque no lo comprenda
Y a veces me avergüence de ello

Antes lo tenía todo
Pero ya no estoy allí
Ahora soy la nada
Una ruta vulnerable en la noche
Donde he puesto flores rojas
Para que ardan como besos